“Era un trabajo muy artesanal”
Juan Carlos Ruíz ingresó a Ecos Diarios en febrero de 1980 y se desempeña desde hace 46 años en el área de Armado, donde vivió de cerca la evolución tecnológica
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Cuando Juan Carlos Ruíz llegó a Ecos Diarios, a fines de febrero de 1980, no imaginaba que gran parte de su vida transcurriría dentro del diario. Y esto mismo ocurrió con decenas de empleados que entraron siendo muy jóvenes, desarrollaron un oficio o una profesión dentro de la empresa y se fueron cuando les llegó el momento de la jubilación.
Ruiz lleva 46 años de trabajo en Ecos Diarios y el año que viene, cuando cumpla 65 años, se retirará de la actividad, llevándose consigo años de experiencia y conocimientos adquiridos, recuerdos, anécdotas y el cariño de sus compañeros.
Entró “de casualidad”, convocado de urgencia para colaborar en el taller gráfico, y desde entonces nunca se fue. “Tenía un primo que trabajaba en Redacción, en la sección de Deportes, y me comentó que necesitaban alguien urgente para ayudarle al impresor, que estaba solo. Entonces me fueron a buscar y ese mismo día empecé”, recordó. Tenía apenas 18 años.
Su primer destino fue la antigua rotativa, la rotaplana, que hoy se puede ver en las inmediaciones del Museo Histórico Regional del Parque Miguel Lillo. “Entré en la impresora, en la máquina antigua. Ahí empecé, de ayudante impresor”, contó. Pero con el paso de los años fue realizando distintas tareas dentro del taller, impulsado por la curiosidad y las ganas de aprender.
“En realidad hice de todo. Un poquito de curioso y de metido también”, dijo entre risas.
Gran parte de su trayectoria estuvo ligada al área de Armado (sector en el que se arman las páginas), donde vivió de cerca las profundas transformaciones tecnológicas de Ecos Diarios. Ruiz recordó especialmente la transición desde el sistema de plomo a la fotocomposición y, más adelante, la llegada de las computadoras.
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“Era un mundo”
A poco de ingresar en Ecos Diarios, la firma adquirió una completa planta impresora a la firma ONE (Offset Newspaper Equipament), de EEUU, que reemplazó a la antigua rotaplana. Ese mismo año también se incorporaron máquinas para la sección fotomecánica, compuesta por cámaras fotográficas e insoladoras, y se construyeron laboratorios para su puesta en funcionamiento.
Hasta marzo de 1982, si bien la impresión se realizaba a través del sistema Offset, la composición continuó realizándose con las máquinas linotipo, hasta ser reemplazadas por fotocomponedoras, con una capacidad notablemente superior, permitiendo aumentar a 20 el número de páginas en forma regular.
“Cuando llegó el Offset, pasé a Armado, aunque cada uno hacía un poco de todo. Antes se imprimía en plomo. Las páginas, como las vemos ahora armadas, eran todo plomo”, explicó. Luego llegaron las fotocomponedoras: “Parecía una computadora mucho más grande, con una pantallita muy chiquita. Se tipeaba y se copiaba en un papel fotográfico que después se revelaba y las páginas se armaban a mano”. Si bien él trabajaba en el armado de las páginas, donde todo se hacía a mano, también ayudaba en el revelado.
En aquellos años, el trabajo en el taller era completamente artesanal y el diario en sí tenía un gran movimiento. “Era un mundo. Las puertas del taller estaban continuamente abiertas, llegaba gente, había muchos empleados y muchas horas de trabajo. Prácticamente el diario funcionaba las 24 horas del día”, recordó.
“En la época en que trabajamos con el plomo había 40 o 50 personas en el taller, entre armadores y linotipistas. Hoy eso se fue achicando”, explicó.
“Era un trabajo artesanal, mucho más lindo que el de ahora”, aseguró, con un poco de nostalgia tanto por la actividad como por las personas que ya no están.
El avance de la tecnología
La llegada de las primeras computadoras significó otro gran cambio para el armado del diario.
A mediados de 1988 llegaron las primeras máquinas: seis unidades Macintoch, de Apple, incluyendo una administradora central con memoria para 20 millones de caracteres.
“Primero llegó una sola Mac muy chiquita y enseguida se sumaron más equipos”, contó, al tiempo que recordó cómo, de a poco, se fueron adaptando a los cambios, aunque también se lamentó que “la tecnología fue dejando gente afuera”.
“Se hicieron algunas capacitaciones, después fuimos aprendiendo de curiosos y nos fuimos metiendo en el armado de las páginas con las computadoras hasta hoy”.
Actualmente es el único empleado que queda de aquellos años porque el resto de sus compañeros se fueron jubilando. En marzo del próximo año llegará a los 46 años dentro de Ecos Diarios y, según anticipó, le llegará su momento de jubilación.
Al mirar hacia atrás, valora todo lo aprendido, los cambios tecnológicos de los que formó parte y los años de oficio dentro del medio. Sin embargo, remarcó que lo más importante que se va a llevar cuando se retire de Ecos Diarios son los vínculos construidos durante décadas de trabajo compartido.
“Lo mejor fue las personas con las que trabajé. Mucho compañerismo”, afirmó, remarcando que los lazos con sus compañeros han trascendido ampliamente la jornada laboral: “En esos primeros años de trabajo, nos juntábamos a jugar al fútbol, al pádel y hoy nos seguimos reuniendo cada tanto y compartimos un asado”, ahora con las nuevas generaciones que se han incorporado en todos los sectores y también en el área de Armado.
Cuando ingresó al diario, jamás pensó permanecer tantos años dentro de la empresa. “Me gusta; es un lindo trabajo y fue pasando el tiempo sin darme cuenta”, expresó.
En el marco del 105° aniversario de Ecos Diarios, Juan Carlos Ruiz toma dimensión de todo lo vivido dentro del medio. “Más de la mitad de mi vida acá adentro”, resumió.
Y con orgullo, aseguró: “Es importante Ecos Diarios. Es el único diario en papel de Necochea y es el único medio que tiene tantos años de historia. Es lindo pertenecer”.
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