Entre el rigor del laboratorio y la incertidumbre política del agua
Mientras el Concejo Deliberante de Necochea debate minutas de comunicación sobre la potabilidad, el área de Bromatología revela los protocolos diarios que sostienen el consumo masivo en el distrito
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Por Jorge Gómez
para Ecos Diarios
En el complejo tablero de la gestión pública pocos temas son tan sensibles -y a la vez tan propensos al uso político- como la calidad del agua que consumimos. Recientemente, el Concejo Deliberante de Necochea se convirtió, brevemente, en un flash informativo, en el escenario de esa siempre interesante disputa simbólica. Fue cuando la presentación de una minuta de comunicación, aprobada finalmente por unanimidad, que fue impulsada por el bloque unipersonal PRO de María Eugenia Vallota, que solicita un informe exhaustivo sobre la situación de los recursos hídricos, la presencia de arsénico y el impacto de los residuos en las napas.
A simple vista, el pedido parece una herramienta de transparencia inobjetable. Sin embargo, cuando se analiza el trasfondo técnico y la dinámica de la salud pública surge una pregunta inevitable.
¿Es la exposición pública de una minuta la vía más eficaz para garantizar la tranquilidad del vecino, o estamos ante un mecanismo que, por su forma, parecería sembrar una inquietud comunitaria difícil de revertir?
Frente a la hilera de interrogantes legislativos la realidad en los pasillos de la Dirección de Bromatología e Higiene -bajo la órbita de la Secretaría de Salud que conduce Andrea Perestiuk- ofrece una perspectiva de rigor técnico que pocas veces llega a las portadas de noticias.
Según datos oficiales del área, el monitoreo del agua corriente y potable en Necochea y Quequén no es una reacción espasmódica a los pedidos de informes, sino una rutina protocolizada que sostiene el sistema sanitario de nuestras ciudades.
El esquema de trabajo es matemático. Actualmente, el Laboratorio de Bromatología supervisa de forma sistemática los 51 pozos de distribución pública que se encuentran en servicio bajo la órbita del área de Obras Sanitarias. Todos están operativos en pleno verano y 5 menos en este arranque del otoño. El despliegue no es menor. Sólo entre los meses de enero y febrero de este año se efectuaron 180 análisis bacteriológicos y 40 análisis físico-químicos.
La metodología es estricta. Los muestreos se realizan en boca de pozo durante los primeros días de cada mes. No hay margen para la improvisación. Si un análisis arroja un resultado "no apto" se dispara un protocolo de interrupción inmediata del servicio coordinado con Obras Sanitarias hasta que el problema sea subsana.
Este control se extiende capilarmente a los Hospitales municipales, los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) y establecimientos escolares donde se elaboran comidas.
El punto sobre el arsénico -asociado al Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE)- es quizás el más delicado del debate legislativo. Aquel bloque opositor en el HCD citó en sus fundamentos el valor guía de la Organización Mundial de la Salud (10 microgramos por litro).
Es una referencia válida, pero omitir que la presencia de arsénico en la llanura pampeana es un fenómeno natural y geológico -y no necesariamente producto de la contaminación humana- es una simplificación riesgosa.
Para evitar la "endogamia" en los datos, el municipio de Necochea no trabaja de forma aislada. Las muestras son enviadas periódicamente al Laboratorio de Aguas del Instituto Biológico "Dr. Tomás Perón" en La Plata, un organismo de referencia provincial que otorga el sello de imparcialidad científica.
Los resultados se cotejan no solo con el Código Alimentario Argentino (Artículo 982), sino también con la Ley 11.820, que regula las normas de calidad para toda la Provincia de Buenos Aires.
Informar niveles por encima de la recomendación de la OMS sin el contexto adecuado sobre los planes de mitigación y la realidad hidrogeológica regional puede generar una presunta alarma social que luego ninguna aclaración técnica logra disipar. La ciencia analiza partes por millón. La política, a veces, es de tentarse en analizar votos por minuto.
Los desafíos
El pedido de informes aprobado días atrás requiere los datos que abarcan la última década y exige, en un plazo de apenas 30 días, la creación de un "mapa de calidad de agua por barrios".
Aquí reside una suerte de posible conflicto operativo evidente. La construcción de un informe de diez años requiere una logística de archivo y procesamiento de datos que el personal de Bromatología ya ha comenzado a desandar, pero que demandaría un tiempo que los plazos legislativos tienen tendencia a ignorar.
La gestión del agua enfrenta desafíos estructurales reales. La obsolescencia de algunas redes de distribución, la presión del servicio en temporada estival y la gestión de lixiviados en el basural.
Son temas que exigen inversión y visión de largo plazo. Sin embargo, mezclar estas deudas históricas con la presunción de falta de potabilidad inmediata en el agua de red es un riesgo que puede terminar afectando la confianza básica del ciudadano en el Estado.
Existe una máxima en la comunicación de crisis. "Lo que no se comunica con claridad, se llena con sospecha". Esta minuta de comunicación es una de los tantas que emanan del HCD. Esta y todas es obligatorio responder desde el Ejecutivo.
Una referencia informativa que vale apuntar por aquí. En épocas de calor (verano) por la red de agua pública a cargo de la comuna, por día, fluyen casi 50.000.000 de litros. Este dato se modifica en lo consideramos "baja temporada" (otoño-invierno-primavera), dado que la provisión de agua corriente está cerca de los 45.000.000 de litros.
Regresemos al contenido en cuestión. El problema de los pedidos de informes sobre temas de salud pública es que suelen llegar al vecino como una suposición vestida de advertencia de peligro antes que como una búsqueda genuina de información.
¿No sería más prudente invitar a los técnicos de Bromatología a una reunión de comisión en el Concejo Deliberante? Un intercambio directo, donde los concejales puedan ver los protocolos de desinfección de tanques y cisternas -un punto donde Bromatología hace especial hincapié para el consumo domiciliario- aportaría mucha más luz que un frío expediente.
La salud pública no debería ser un campo de batalla de comunicados sino un espacio de consenso basado en la evidencia. El personal de carrera de la comuna necochense está hoy recolectando información para elevar el informe a Salud. Ese documento será la verdad técnica.
Mientras tanto, la dirigencia política debería actuar con la misma asepsia que un microbiólogo frente a una placa de Petri. Con cuidado, sin contaminar la muestra y entendiendo que cualquier movimiento brusco puede alterar el resultado final.
Cuidar el agua es también cuidar cómo hablamos del agua. La transparencia es un derecho, pero la prudencia es un deber, especialmente cuando lo que está en juego es la confianza de la gente en el vaso de agua que pone sobre su mesa cada día.
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