Entre cientos de aspirantes, una necochense logró ingresar al Nacional de Buenos Aires
Delfina Quintana, de 13 años, contó a Ecos Diarios el esfuerzo de un año de viajes, estudio y exámenes para acceder al colegio preuniversitario de la UBA
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Delfina Quintana, estudiante de 13 años del Colegio Cavagnaro en Necochea, es una de las 450 aspirantes seleccionadas entre más de 1.000 inscriptos para ingresar al Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA), una institución preuniversitaria de la UBA reconocida por su nivel académico y por haber formado a figuras históricas de la política, la ciencia y la cultura argentina. Durante todo el año, Delfina viajó los viernes por la noche junto a su madre a Buenos Aires para rendir los cursos de ingreso, que se realizaban los sábados desde temprano, y así superar los exigentes exámenes de Matemática, Lengua, Historia y Geografía. El ingreso regular a clases será en 2026.
En diálogo con Ecos Diarios, Delfina contó que la idea de asistir al CNBA surgió porque su familia materna ya había pasado por el colegio y su madre le propuso intentarlo. “Al principio fue medio raro porque no estaba acostumbrada a despertarme tan temprano, a veces a las 5 o 6 y pico, y después viajar de vuelta a las 2:30 de la tarde. Pero me fui acostumbrando”, relató.
Un paso adelante
Sobre los docentes, señaló que fueron “bastante buenos”, especialmente una profesora de matemática que la abrazó antes del examen. Agregó que le fue bien en lengua, historia y geografía, pero que se sentía más cómoda en matemática. “En mi colegio de Necochea ya sabía todos los temas, así que algunas cosas me aburrían, y los profesores me pedían que no dijera nada. En el Nacional no era doble turno, lo que me permitió estudiar también en casa, aunque igual me aburría porque ya conocía los temas”, explicó.
Haciendo un repaso de su experiencia, Delfina describió el proceso de examen como estrictamente protocolar. “El primer final que rendí fue matemática y me descompuse. Primero suena la campana, luego tres silbatos y todos deben empezar al mismo tiempo. Solo se puede usar lapicera no borrable y la hoja de examen es más grande que A4. Las materias eran Matemática, Lengua, Historia y Geografía; para aprobar, el mínimo era 120 puntos entre matemática y lenguaje, y la historia y geografía se dividían en dos partes”. La joven destacó que, pese a los nervios, no sentía la presión de entrar “sí o sí”, sino que lo hacía porque quería, y que uno de los momentos más emocionantes fue saber que estudiaba en un lugar histórico donde pasaron Albert Einstein, escritores y presidentes como Marcelo T. de Alvear. También valoró las amistades que hizo, ya que todos atravesaban la misma experiencia, y contó que siempre le gustó la ciencia y experimentar desde pequeña.
Viajes, estudios y disciplina
La madre de Delfina, por su parte, detalló la logística y la exigencia académica: “Viajábamos los viernes a la noche y llegábamos a Retiro a las 6 de la mañana, y a las 8 Delfina tenía que estar sí o sí en el Nacional. El CNBA es un colegio preuniversitario de la UBA; dicen que no es un colegio, sino un salto a la universidad. Es muy fuerte para chicos tan jóvenes; rinden finales cuatrimestrales y la contención es mínima, aunque hay algunos profesores copados. Solo entran los 450 mejores, fueron 559 inscriptos”. Señaló que los turnos se sortean y que no hay favoritismo, y que la institución fomenta la cultura física, académica y política, promoviendo pensamiento crítico desde temprano.
Sobre el esfuerzo que implicó el viaje y los estudios, la madre de la estudiante contó que “sentí un orgullo total”. “En los recreos Delfina estudiaba y noté la presión que otras familias ejercen sobre sus hijos. Nosotras caímos sin preparación previa y tuvimos que manejar los tiempos de estudio y ocio para que no se sobreexigiera”. También relató una anécdota en la que se desviaron en el viaje y casi pierden el examen, y cómo el rector del Nacional mencionó a Delfina como ejemplo de sacrificio.
Un futuro ambicioso
La trayectoria de Delfina demuestra el esfuerzo y la dedicación que demanda el CNBA y la posibilidad de que adolescentes fuera de Buenos Aires puedan acceder a una educación de alto nivel. Con apenas 13 años, la joven necochense logró entrar a una de las instituciones más exigentes del país, mostrando que la perseverancia y la pasión por aprender son la clave para alcanzar los objetivos, más allá de la distancia o las dificultades. Para finalizar, Delfina contó que su sueño es convertirse en científica, asegurando que desde muy chica “me encanta experimentar”.
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