En la base de la agricultura en la región
El trigo y la cebada, que en los últimos días generaron un intenso movimiento exportador desde Puerto Quequén, se encuentran los primeros cultivos que se realizaron en la región, a fines del siglo XIX
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Por Juan José Flores
Redacción
Durante el mes de enero Puerto Quequén registró un intenso movimiento de cargas, impulsado especialmente por la exportación de trigo y cebada.
Si bien en la época de la fundación ya existían establecimiento rurales en el partido, fue recién en 1884 cuando nuestro distrito tuvo sus primeras cosechas. Se cosechó trigo, cebada, maíz, alfalfa y legumbres.
La tierra se prestaba perfectamente para la agricultura y luego de los primeros ensayos, se cosecharon trescientas fanegas de trigo en las chacras del distrito.
En el mismo año, comenzaron a levantarse los cimientos de un gran molino, propiedad de Julián Gámez, quien pareció comprender desde el primer momento la necesidad de algo que diera fuerza e impulso al fomento de la agricultura.
Con el tiempo se introdujeron en Necochea una gran cantidad de máquinas de segar y una trilladora a vapor. En sólo dos años la agricultura tomó un gran impulso y se cosecharon 18.000 fanegas de cereales.
Además de la legendaria estancia La Otomana, que impuso un modelo de producción aún recordado en la región, con los años surgieron en nuestro distrito varios establecimientos rurales que ocupaban grandes superficies y eran verdaderas ciudades, con cientos de empleados, enormes haciendas y edificaciones innovadoras para aquellos años.
A dos leguas y media de estación Energía, se encontraba la estancia “La 10 de Mayo”, campo de Máximo Arce, que luego fue de Santiago Magnin. Tenía una superficie de cuatro mil hectáreas dedicada a la explotación agrícola- ganadera.
Como todo establecimiento rural de prolija organización, “La 10 de Mayo” contaba con importantes edificaciones y un buen número de empleados. Se destacaba en el conjunto la casa principal, un amplio edificio ubicado en el medio de un hermoso jardín, parque y frondoso monte.
La explotación agropecuaria era realizada por un personal competente, tanto para el cuidado y selección de las haciendas como en lo relacionado a la agricultura.
El establecimiento contaba con un importante stock de haciendas generales, mientras que buena parte de la superficie era sembrado año tras año y se dedicaba a la producción de toda clase de cereales.
Hacia el siglo XX
Don Alejandro Ciancaglini llegó a principios del siglo XX a nuestro distrito y su éxito comercial le permitió, años más tarde, adquirir los campos con los que formó los establecimientos rurales La Eva y La Dulce, que administró personalmente.
Infatigable, empujado por un espíritu emprendedor y progresista, Ciancaglini sumó a su firma nuevos negocios y empresas en Necochea y La Dulce.
En 1919, Alfredo Rasmussen compró a Carlos Díaz Vélez 2.335 hectáreas. Allí fundó el establecimiento rural Médano Blanco.
El casco de la estancia, hoy convertido en el futuro centro de aguas termales por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre), era en ese entonces el eje central de las actividades agropecuarias desarrolladas en Médano Blanco.
La producción de Médano Blanco y Mallincó, ubicado en el partido de Lobería y también propiedad de Rasmussen, como las 8.000 hectáreas que arrendaba en campos de Bosch, abarcaban dos aspectos: el agrícola y el ganadero.
Campos de la región
Luis Defferrari logró a lo largo de su vida importante fortuna, con la que adquirió campos en Necochea, Adolfo Gonzales Chaves y otros distritos.
Al fallecer el hacendado, su hijo Luis Defferrari heredó, entre otros establecimientos, la vieja estancia Zabala, que llevaba el nombre del arroyo que la cruzaba. El campo tenía 15.000 hectáreas, la mayor parte de las cuales era arrendada y el resto poblado de ganado vacuno, lanar y yeguarizos.
En los inicios de este establecimiento rural, Defferrari padre se había preocupado por convertir al campo en un emprendimiento modelo. Por tal motivo, con el paso de los años, la estancia contó con espléndidos montes de añejos y frondosos eucaliptus, pinos y alamos.
El establecimiento poseía, además, una excelente quinta, atendida por personal experto, que producía verduras y frutas de las más variadas especies.
Otro destacado personaje de la época fue el doctor Pedro Elicagaray, propietario de las estancias "La Nélida" y "La Cautiva".
Según el álbum del cincuentenario de Necochea, "La Nélida marca entre ellas en un puesto de avanzada por su modernismo y por el perfeccionamiento que se advierte en todos los órdenes de sus actividades, gracias a la acción inteligente de su propietario, cuyas certeras iniciativas han transformado a su establecimiento en un orgulloso exponente del adelanto de las industrias madres del país".
Ese establecimiento agrícola ganadero estaba constituido por 3.200 hectáreas de campo ubicado en las cercanías de la estancia Energía del Ferrocarril Sud, dividido en 26 cuadros con 13 molinos por aguadas y 5 puentos, con alambrados de primera calidad y grandes extensiones de montes de eucaliptus, acacias, sauces y álamos.
"Se llega al casco de La Nélida pasando por una magnífica avenida de acacias y eucaliptus, y allí el visitante recoge una gratísima impresión al contemplar el importante conjunto de poblaciones, a la cual de ellas mejor, y entre las que se destaca la residencia familiar del doctor Elicagaray, en la que se goza del mayor confort", explicaba el libro antes citado.
A unas dos leguas y media de "La Nélida" se encontraba "La Cautiva", que abarcaba exactamente las mismas actividades que la otra estancia de Elicagaray.
Secundaban a Elicagaray en la administración y dirección de sus estancias, sus hijos Carlos B. y Raúl A., "ambos jóvenes, activos y dignos colaboradores de su padre".
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