En el mes de las tormentas
Hace 50 años, en abril de 1976, un temporal arrasó con el sueño de toda un barrio: la furia del viento convirtió el gimnasio del Club Mataderos en hierros y chapas retorcidas
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JUAN JOSE FLORES
Redacción
Abril ha sido a lo largo de la historia, un mes de tormentas que han dejado huella en la ciudad. Y hace 50 años, una furiosa tormenta acababa con el sueño de toda una comunidad, cuando un fuerte viento arrasaba con el flamante gimnasio que el Club Atlético Mataderos había construido frente a su cancha, en la calle 72.
Fue el martes 20 de abril de 1976 y al día siguiente Ecos Diarios publicó un artículo que comenzaba con una frase que reflejaba la inmensidad de la tormenta: “Numerosos daños, algunos de considerable importancia, provocó el temporal que en la víspera se desató sobre todo el territorio del sudeste de la provincia de Buenos Aires”.
“La acción del viento, que alcanzó ráfagas de poco más de cien kilómetros por hora, provocó la caída de postes de alumbrado, causando prolongados cortes en el suministro de energía eléctrica”, agregaba la nota.
Y luego en unas pocas líneas narraba la destrucción que causó sobre un sueño de todo el barrio Norte: “Se derrumbó en forma total la estructura que sostenía un techo parabólico en el gimnasio perteneciente al Club A. Mataderos”.
El gimnasio se encontraba en la calle 72 entre 43 y 45, frente a la cancha del club, que por aquellos años ocupaba lo que hoy es la Plaza de las Carretas.
“Las pérdidas fueron estimadas por los directivos de la entidad en, aproximadamente, mil millones de pesos moneda nacional”, señalaba la nota que iba a acompañada por fotografías que mostraban los restos retorcidos de la estructura metálica.
Aquel martes 20 de abril el puerto cerró y en la playa las olas alcanzaron los cuatro metros de altura.
“La fuerza del viento —cuyo promedio horario era aproximadamente de 70 kilómetros— produjo también la voladura de carteles y letreros luminosos de publicidad, antenas de televisión y techos”, indicaba la crónica.
“En la avenida 2 de la villa balnearia, el pavimento había quedado cubierto por una gruesa capa de arena que dificultaba la marcha de vehículos. Similares inconvenientes se originaron en Quequén y otras poblaciones vecinas”, agregaba el artículo.
La tormenta había golpeado todo el frente sur de la provincia de Buenos Aires, desde Mar del Plata a Bahía Blanca. En el puerto sureño, cien pobladores de los barrios más humildes de Ingeniero White fueron evacuados después de ser arrasadas sus precarias viviendas.
Una tarde de abril
"Eran las 13:45 horas cuando el sector comprendido por las calles 70 y 72 entre 43 y 45, se vio conmocionado por un ensordecedor ruido”, narraba la crónica publicada por Ecos Diarios al día siguiente del temporal.
Ante mirada asombrada de los primeros testigos que acudieron al lugar atraídos por el estruendo, quedaban solo torres y chapas retorcidas del gimnasio que el Club Mataderos estaba construyendo frente a su humilde estadio.
El viento había derribado la estructura hacia una casa vecina, provocando daños en la pared medianera y el techo de la vivienda.
“Lo que hasta momentos antes era un tinglado montado sobre 20 columnas de hierro y totalmente techado, aparecía como una masa informe de hierros y chapas”, decía la nota.
“El vecindario se fue acercando de a poco. En silencio. Como si quisiera no dar crédito a lo que sus ojos veían. El esfuerzo de tantos meses de silenciosa pero efectiva labor quedaba frustrado ante el fenómeno”, agregaba.
“Muchas horas robadas al descanso, muchos pesos aportados por el vecindario, directivos, socios, jugadores y comercio local frustrado por la acción de la naturaleza”, señalaba.
Un directivo del club habló por todo el barrio: “Estábamos a punto de terminar la obra. Nos faltaba completar el contrapiso y pensábamos hacerlo el sábado. Aquí —dijo señalando el lugar— hay mucho sudor y pesos de todos. Las pérdidas pueden estar cerca de los mil millones de pesos viejos. Va a resultar difícil poder levantar esto de nuevo”.
El hombre tenía razón. El gimnasio no se volvió a levantar y si bien el club es la institución más representativa del barrio, aquella tormenta cambió para siempre la fisonomía del sector.
Con los años la vieja cancha de Mataderos se convirtió en la Plaza de las Carretas y la institución construyó su propio estadio un poco más al norte.
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