Emilia Sierra y la búsqueda de sus sueños en los Estados Unidos
La basquetbolista atraviesa su quinto año en Norteamérica, donde estudia la carrera de Administración de Empresas
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Tomás Navarro Comini
Para Ecos Diarios
Cuando en 2021 decidió dejar Necochea para instalarse en Estados Unidos, María Emilia Sierra Lacosta sabía que estaba dando uno de los pasos más importantes de su vida. Tenía apenas 16 años, una enorme ilusión vinculada al básquet y la convicción de perseguir sus metas. Cinco años después, aquella decisión sigue dando frutos.
Formada en el Club Rivadavia bajo la conducción de los entrenadores Elio Alberto Pastrello y Leticia Arancón Ruiz, la joven basquetbolista se encuentra cursando la carrera de Administración de Empresas en Wheeling University, institución ubicada en la ciudad de Wheeling, en el estado de West Virginia, mientras continúa desarrollando su carrera deportiva en el básquet universitario estadounidense.
Durante el receso de verano norteamericano, Emilia regresó a Necochea para reencontrarse con su familia y sus seres queridos. En ese sentido, la deportista repasó una experiencia que combina sacrificio, disciplina y crecimiento personal.
Una decisión que cambió su vida
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“Costó llegar allá y costó tomar la decisión de irme, pero desde que estoy allá la verdad que estoy súper cómoda”, expresó quien prefiere que la llamen simplemente “Emi”.
La joven destacó que una de las principales virtudes del sistema estadounidense es la posibilidad de desarrollarse simultáneamente en el ámbito académico y deportivo.
“Tengo buenos amigos que me acompañan, todos hacemos deporte. Vamos a ver los partidos de ellos o de mis amigas y también ellos vienen a ver los míos. La verdad es que haber llegado fue un gran logro por parte mío y de mi familia”, señaló.
Además, remarcó la flexibilidad que encuentran los estudiantes-atletas para cumplir con ambas responsabilidades: “Es súper fácil allá estudiar y jugar al mismo tiempo porque los profesores también te ayudan. Ellos saben que vos tenés partido o que tenés que viajar, entonces siempre nos dicen entregar los trabajos antes o después”.
Una estructura pensada
Según explicó Sierra, el acompañamiento no solamente llega desde el ámbito universitario, sino también desde el cuerpo técnico: “Nuestras entrenadoras también le dan mucha importancia a que nosotros estudiemos, nos vaya bien en clase y tengamos buenas notas. Si no tenés buenas notas, no te dejan jugar hasta que subas las notas”, comentó.
En ese sentido, Emilia indicó que la organización de horarios permite que las jugadoras no deban elegir entre una actividad y otra: “Nosotros le pasamos nuestros horarios a nuestra entrenadora y ella ve dónde podemos entrenar, en qué horario para que estemos todas juntas o tengamos entrenamientos individuales. Eso lo hace mucho más fácil y también nos potencia porque estamos constantemente entrenando y no nos estamos perdiendo ninguna clase”. Para Emilia, esa combinación resulta fundamental para seguir creciendo en ambas áreas sin resignar ninguna e indicó que “eso es lo mejor que tiene Estados Unidos”.
La difícil adaptación
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“Lo más difícil fue dar ese paso. Yo me fui hace cinco años, en 2021, justo en la pandemia. Decidí irme, mis papás me ayudaron, toda mi familia, y cuando llegué allá fue súper difícil porque tuve que viajar sola”, aseguró Sierra, que si bien hoy se encuentra totalmente adaptada a la vida norteamericana, reconoce que el proceso fue complejo.
Su primera experiencia fue en Chicago, estado de Illinois, donde completó sus estudios secundarios antes de trasladarse a West Virginia para iniciar la universidad.
“Lo más difícil fue llegar y no saber con quién hablar. Llegué y en ese momento fue como que el inglés se me fue de la cabeza”, recordó entre risas.
A la cuestión del idioma se sumó otro obstáculo: llegó un mes después del inicio de clases debido a los trámites de visa y documentación: “Me costó mucho más, pero también dije ‘tengo que seguir adelante e intentar lo mejor’”.
El día a día
La vida universitaria de un deportista en Estados Unidos está lejos de ser relajada. Emilia describió una rutina intensa pero planificada desde el comienzo de cada semestre: “En pretemporada nos dan una semana para adaptarnos, ir a las clases y presentarnos. Después ya arrancamos los lunes a las seis de la mañana con el entrenamiento”.
Las jornadas, en esa línea, incluyen preparación física, clases y prácticas con pelota: “Salimos a correr, hacemos condición física y después a la tarde entrenamiento con pelota. Durante el día tengo clases, que pueden ser a las ocho o a las diez de la mañana. Entreno, voy a mi cuarto, me baño, desayuno, voy a clase, descanso un poco, vuelvo a cursar, almuerzo y después ya voy a la cancha y ahí me quedo toda la tarde”.
“Desde la llegada ya nos mandan todos los entrenamientos, el mes completo con gimnasio, entrenamiento individual y todas nuestras clases”, mencionó la basquetbolista sobre el cronograma que cada atleta recibe en cuanto a los entrenamientos, gimnasio y horarios de cursada.
Sacrificios
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Uno de los aspectos que más marcó la experiencia de Emilia ha sido el tiempo que debió resignar lejos de sus afectos. “La diferencia la veo en el tiempo que cada uno usa. Yo no tengo tiempo para salir a tomar un café o ir a pasear”, explicó al comparar su rutina con la de muchas amigas de Necochea.
Respecto a ello la jugadora entiende que esos sacrificios forman parte del proceso y son “parte de la disciplina, de que si lo querés lograr, tenés que sacrificar un montón de cosas”.
“Creo que eso fue lo más difícil también. Todos los sacrificios que tuve que hacer desde muy chica, los cumpleaños que me perdí, cada vez que viajaba para jugar o los viajes con mi familia”, agregó Sierra.
Lejos de casa
“Lo más difícil fue mi primer año porque me sentía muy sola. Nadie hablaba español y no encontraba a nadie con quien compartir el idioma”, aseguró la necochense en base a la distancia con la familia, lo cual representó un desafío emocional, más en sus primeros meses en Chicago. Con el paso del tiempo encontró apoyo en otras compañeras que atravesaron situaciones similares: “Me hice un montón de amigas de diferentes países que jugaban conmigo en la secundaria. Ellas también venían de otro país, con otro idioma y estando solas. Eso nos ayudó a pasar mucho tiempo juntas y nunca sentirnos tan solas”.
Europa, el próximo objetivo
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Cuando emigró, Emilia Sierra imaginaba que el recorrido natural sería llegar a la WNBA, pero hoy, con otra madurez, sus expectativas cambiaron: “De chica yo pensaba ‘me voy a Estados Unidos y de ahí a la WNBA’. Pero después me di cuenta que prefiero volver a mi casa, pasar un tiempo acá y jugar para mi familia”.
“La WNBA ya no la veo como una meta. Me gustaría irme a Europa a jugar porque es más el básquet que yo juego. Viendo partidos de la universidad y de la WNBA, no es el mismo básquet”, comentó la deportista, en relación al viraje de su meta deportiva.
Sin embargo, antes de pensar en ese salto al Viejo Continente, pretende finalizar su carrera universitaria y construir una base sólida desde Argentina, más cerca de su familia.
Consejos
Consultada sobre qué consejo le daría a una adolescente que reciba una oportunidad similar, Emilia indicó que “primero que lo disfrute, porque es un camino muy difícil, más estando sola”, y también hizo hincapié en la importancia del compromiso cotidiano: “Que dé siempre el cien por ciento. Si está cansada, que igual lo haga. Lo más importante es disfrutarlo porque si no lo disfruta se va a querer volver o pensar en dejar el deporte”.
En ese sentido, la reflexión final consta en que “lo más importante es disfrutarlo y dar lo mejor. Y si no sale, por lo menos lo intentó”.
Antes de cerrar la charla, Emilia le dedicó unas palabras cargadas de emotividad a su madre Paola, uno de los pilares para que la basquetbolista continúe en la búsqueda de sus objetivos: “Mamá, muchas gracias por todo el esfuerzo que hiciste por mí, por siempre apoyarme, dar lo mejor de vos, trabajar el doble, siempre ayudarme a mí y a mis hermanos”. “Te quiero mucho, Ma, y gracias por acompañarme a todas mis entrevistas”, concluyó Sierra.
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