El turismo, entre el deseo y la realidad
La venidera temporada encontrará a Necochea y Quequén ante un escenario que obliga a combinar optimismo con prudencia. Habrá verano, playa y visitantes, pero también un consumidor que cuidará cada peso y permanecerá menos días
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/turismo.webp)
Por Jorge Gómez
Para Ecos Diarios
Cuando se aproxima el verano aparece una tentación inevitable: pensar que esta vez será diferente. Que llegará mucha gente, que los lugares de albergue estarán llenos, que la gastronomía trabajará a pleno y que la temporada volverá a ser como aquella desbordante que alguna vez conocimos.
Es comprensible. El turismo necesita una cuota de optimismo. El tiempo estival significa descanso, sol, arena, playa y movimiento, pero también la expectativa económica de comerciantes, empresarios, trabajadores y familias que esperan encontrar durante esos meses una parte importante de sus ingresos. Una cosa es la euforia y otra construir expectativas que después podrían chocar contra la realidad.
La temporada que viene merece, por eso, una mirada sensata. No pesimista. Prudente.
Una charla con el secretario de Turismo y Desarrollo Productivo de la Municipalidad de Necochea, Matías Sierra, permite poner algunos datos sobre la mesa. Uno de ellos resulta significativo. El turista sigue viajando, pero permanece menos tiempo.
Recordó una encuesta realizada sobre unas 26.000 personas entre diciembre de 2020 y marzo de 2021. Registraba entonces una estadía promedio de 7,2 a 7,3 días en la costa. Hoy ese promedio ronda los 4 días. El dato explica buena parte de los cambios.
La temporada pasada no fue buena y la anterior tampoco. La situación económica, con consumidores obligados a administrar cuidadosamente sus ingresos, no permite asegurar que el venidero verano vaya a producir un salto significativo. Por eso es razonable pensar que buena parte del movimiento continuará concentrándose en el turismo de cercanía.
Según los apuntes manejados por el municipio, alrededor del 70 o 75 por ciento de los visitantes pertenece a un radio cercano, mientras que los provenientes de fuera de la Provincia representan una porción menor y con estadías más cortas.
El verano, de todos modos, estará. La gente seguirá buscando el mar, la playa, el descanso y el aire libre. Necochea y Quequén tienen recursos naturales que no requieren demasiada explicación.
Una familia puede alquilar un departamento, comprar alimentos en un supermercado y cocinar buena parte de sus comidas. Reducir las salidas gastronómicas y elegir con cuidado qué actividades realizar. Eso no significa que haya desaparecido el turismo, sino que cambió.
Y frente a esa transformación aparece una responsabilidad compartida entre el Estado y el privado. La Municipalidad puede promocionar, organizar eventos, mejorar espacios públicos, procurar inversiones y generar actividades. Pero no fija el precio de una habitación, un alquiler, una comida o una carpa. Ahí aparece el prestador privado.
Ya no alcanza con reclamar que el Estado promocione si después no se ofrecen servicios acordes con las expectativas de quienes visitan la ciudad. La competencia turística no se juega sólo en una campaña publicitaria. También se define en una habitación confortable, en un restaurante, en la limpieza, en la atención y, fundamentalmente, en la relación entre precio y servicio.
El precio de la propuesta estival será decisivo. En una economía donde el consumidor tiene dificultades para ampliar su presupuesto destinado al descanso, trasladar automáticamente todos los aumentos de costos al precio final puede resultar contraproducente.
Sierra lo plantea con claridad. Quizás sea preferible cobrar un poco menos y tener una habitación ocupada o una mesa llena antes que sostener un precio elevado y perder al cliente. No se trata de regalar el trabajo ni de desconocer los costos. Es entender el mercado.
La añosa definición de “industria sin chimeneas” mantiene plena vigencia. Genera movimiento económico y empleo. Hotelería, gastronomía, comercio, transporte, balnearios, alquileres y actividades recreativas forman parte de una cadena que se activa cuando llegan visitantes.
Por eso tampoco debería medirse únicamente por la cantidad de turistas de alta temporada. Hay que mirar cuánto tiempo permanecen, cuánto gastan y qué movimientos realizan. Y, sobre todo, mirar más allá de enero y febrero.
Una de las estrategias que plantea la Municipalidad es aprovechar los fines de semana largos y los acontecimientos deportivos, culturales e institucionales para generar movimiento todo el año.
El calendario incluye actividades que pueden traer participantes y acompañantes. Las Olimpíadas de Magistrados, Open Vóley, competencias de fútbol, Enduro y distintos torneos nacionales. El turismo deportivo aparece como una oportunidad concreta y va camino a convertirse en una herramienta para reducir la estacionalidad.
No solamente llega quien viene en enero y febrero con la intención de permanecer varias jornadas. También está quien arriba 4 días por un torneo, una competencia de surf, una reunión institucional, un fin de semana largo o simplemente porque decide hacer una escapada.
La promoción que se prepara apunta a un radio aproximado de 300 o 350 kilómetros de nuestra ciudad. En lugar de concentrar todo en grandes campañas, se buscará ir al encuentro del potencial visitante, participar en acontecimientos regionales y mostrar qué se puede ofrecer. Es una estrategia razonable en una época en la que las escapadas cortas y los fines de semana largos adquirieron mayor importancia.
También hay que mirar a Quequén. Tiene una identidad turística propia, vinculada especialmente con un público joven y con actividades como el surf y el kitesurf. Se ha consolidado un visitante que puede arribar por 4 ó 5 días, buscar alojamiento, gastronomía y actividades deportivas y permanecer buena parte de su estadía en ese circuito.
El crecimiento inmobiliario y los proyectos que aparecen en Quequén pueden modificar su perfil en los próximos años. Eso abre una oportunidad, pero obliga a pensar qué tipo de destino turístico queremos construir.
Necochea tiene una ventaja que ninguna campaña puede fabricar, o sea sus recursos naturales. Mar, río, médanos, Parque Miguel Lillo, Quequén, Costa Bonita, actividades náuticas, pesca, turismo rural y gastronomía forman parte de una oferta capaz de diferenciarla. El problema no está en la falta de atractivos. El desafío consiste en convertirlos en productos turísticos competitivos y lograr que las inversiones privadas contribuyan a ese objetivo.
La posibilidad de que nuevas marcas desembarquen y amplíen la oferta también aparece como una señal. Se casi afirma que en las próximas semanas Mostaza y Café Martínez estarían haciendo pie en la ciudad.
Ergo, el Estado debe facilitar, acelerar trámites y acompañar los proyectos. Y el sector privado deberá asumir el riesgo de invertir. La ciudad necesita de ambos y también mejorar su imagen.
Las obras y mejoras en distintos espacios, las concesiones, la recuperación de sectores deteriorados y proyectos como los vinculados con el ex balneario ACA y el edificio del Casino pueden producir un efecto que exceda la obra concreta.
Pero hay un factor que nadie puede manejar: el clima. En una ciudad costera un pronóstico altera una temporada en cuestión de horas. Un fin de semana largo con buen tiempo puede desbordar la capacidad de alojamiento. Tres días de lluvia anunciados pueden hacer que una familia decida no viajar. Y el turista mira el pronóstico antes de salir.
Por eso tampoco tiene sentido construir una expectativa basada exclusivamente en que “va a venir gente porque es verano”. Ocurrirán días de mucha actividad y otros de menor movimiento. Habrá restaurantes completos y familias que elegirán cocinar en el departamento. La realidad probablemente esté en algún punto intermedio.
No hay razones para anunciar una temporada extraordinaria. Tampoco para pensar que será una catástrofe. Hay que prepararse para una que estará condicionada por la economía, el clima y la capacidad que tengamos de ofrecer una propuesta atractiva y razonable.
El combo sería atraer al turista de cercanía, recuperar visitantes de otras provincias, fortalecer Quequén, mejorar los servicios, impulsar el turismo deportivo, multiplicar los eventos y aprovechar cada fin de semana largo.
El turismo cambió. Es más corto, segmentado y sensible al precio. Frente a esa realidad, quizás la mejor manera de esperar el próximo verano sea combinar entusiasmo con prudencia. No vender ilusiones. No negar las dificultades. Y tampoco dejar de trabajar sobre las oportunidades. Porque el calor llegará. El mar estará ahí, y los atractivos naturales seguirán siendo los mismos.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión