El sueño de la Necochea industrial
Una de las primeras industrias de la ciudad fue la de los ladrillos. Durante gran parte del siglo XX los necochenses consumían sus propios productos, pero en la convulsión política de los 70 provocó un desastre económico y acabó con decenas de empresas locales
JUAN JOSE FLORES
Redacción
Si bien la ciudad está aún lejos de definir su perfil industrial, en algún momento la mayor parte de lo que se consumía en Necochea era producido aquí. Una de las primeras industrias que existieron en esta zona, en los años de la fundación, fueron los hornos de ladrillo, de los cuales fueron saliendo uno a uno, simbólicamente, los componentes de la ciudad.
Si bien no se sabe con precisión cuál fue el primer horno, los primeros antecedentes mencionan a uno que explotaban los hermanos Andrés y Victorio Fontana, quienes vinieron de Ayacucho.
Otras informaciones dan cuenta del horno de José Ignacio Galparsoro, cuyo asentamiento databa de años antes de la fundación.
Pero la incidencia del medio rural marcó el camino que debería tomar la radicación industrial en Necochea, y así fue como apenas tres años después de la fundación, comenzaron en 1884 a levantarse los cimientos de un gran molino a Vapor Cilindros, cuyo propietario fue Julián Gámez. La industrialización de la producción primaria impulsó notablemente la siembra y, de tal modo, en poco tiempo más se superó la cifra de 30.000 fanegas de trigo en el distrito.
En 1908 surgió la primera compañía de electricidad a partir de ese molino.
Otras industrias pioneras en los albores de Necochea fue la fábrica de carruajes, fundada en 1893 por Juan Lafforgue, mientras que aparecieron los primeros establecimientos de quesos y lecherías, como los de Pedro y Angel Redolatti; y la talabartería de Luis Arigotti.
Una ciudad que producía
En 1930 se reflejó el impulso de Kristian F. Bork en una fábrica de hielo, la cual era una de las más modernas en el país.
Para esa época funcionaba una fábrica de bebidas gaseosas de Antonio Gatto y Cía., además de herrerías artísticas de obra como la de Filippini y de Pedro Tavano.
Con los años la ciudad contó con una gran industria pesquera, astilleros y fábricas dedicadas a la elaboración de otros productos de primera necesidad, como harina, o elementos para las tareas agrarias, como postes para alambrados.
En 1924, Donato D´Angelo fundó la fábrica de fósforos Necochea. Allí se elaboraban los fósforos Pique y Las 3 Marías. Las marcas lograron imponerse rápidamente en el comercio local y tenían gran aceptación en Lobería, Tres Arroyos, Balcarce, Juárez, Gonzales Chaves y otras localidades de la región.
En 1938 un necochense de 26 años patentó una máquina hileradora, la que por su carácter especial, y según los resultados obtenidos con los modelos hechos como ensayo, ofrecía ventajas tan importantes sobre las máquinas similares comunes que, de antemano, podía asegurarse el éxito que tendría en el levantamiento de cosechas de cereales y forrajeras en general.
El invento de Rodolfo Ardanaz dio inicio a una de las industrias locales con mayor trascendencia a nivel nacional: la fábrica de maquinaria agrícola Rodolfo Ardanaz y Hermanos.
Otra industria local muy pujante fue la naval. Su principal exponente fue el Astillero Vanoli, ubicado sobre la margen izquierda del río, que inició su actividad en junio de 1954.
En la década de los 60 se instaló la firma Sur-Lac en Quequén. La planta comenzó a funcionar en los primeros días de diciembre de 1964, en un predio ubicado sobre la ruta 227.
Hasta ese momento era común la compra de leche suelta, pero con la instalación de Sur-Lac, lentamente los hábitos de los necochenses comenzaron a cambiar.
Quince años después, a fines de 1979, la empresa inició un proceso de expansión con el objetivo de producir leche descremada, ricota en potes, flan, manteca, queso barra a sus tradicionales productos como leche, crema, dulce de leche, yogures naturales y frutados, queso de postre, pategrás, de rallar y ricota industrial.
Las aspiraciones de la empresa eran abarcar una mayor área de comercialización, como San Cayetano, Gonzales Chaves, Tres Arroyos, Bahía Blanca y Benito Juárez, entre otras. Sur-Lac ya producía 20.000 litros diarios de leche y si la demanda aumentaba era capaz de alcanzar los 25.000 litros.
Pero como le ocurrió a otras industrias locales a fines de los 70, la convulsión política de la década y el desastre económico que ello generó, destruyó a Sur-Lac y a decenas de empresas más.
La pesca y el fin de una era
La pesca fue durante décadas la industria que más empleo generó en la ciudad. En su mejor época, unas 3.000 personas estaban vinculadas directa o indirectamente a la pesca comercial, ya sea en la extracción, como en el procesamiento, la elaboración de otros productos derivados o incluso la construcción y reparación de embarcaciones, como el caso de Vanoli
En la década del 70 el mercado de la pesca local vivió su época de oro y los establecimientos se multiplicaron, llegando a contar con unas 20 plantas.
El 17 de diciembre de 1977, se inauguró en Quequén el complejo industrial pesquero de la empresa Huemul, perteneciente a Sasetru. Dos años después, la planta empleaba a 510 personas y faltaba mano de obra especializada para completar los 700 cupos de trabajo con los que la empresa podía llegar a trabajar en toda su capacidad.
Huemul fue el orgullo de los quequenenses durante dos años, ya que la planta era una de las más modernas del mundo en su tipo.
Ocupaba 14.000 metros cuadrados, contaba con planta de tratamiento de efluentes, una sala de frío con capacidad instalada de 410 frigorías hora, una fábrica de hielo en escamas capaz de producir 20 toneladas por día y un desvío ferroviario a sólo 300 metros de distancia. Además, contaba con seis pesqueros de altura y dos buques factoría.
El cierre de Huemul en 1981 significó el inicio de una larga agonía para esa industria, que nunca se recuperó.
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