“El puma no es una amenaza, es una especie que volvió porque la naturaleza se lo permitió”
La veterinaria Soledad Aguilar, fue entrevistada en Ecos Agro
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En los últimos meses, las apariciones de pumas en zonas rurales y semiurbanas de la región han despertado preocupación y curiosidad entre los vecinos. Para comprender este fenómeno, la médica veterinaria Soledad Aguilar ofreció una entrevista esclarecedora en la que aportó información científica y una mirada serena sobre el vínculo entre los seres humanos y esta especie emblemática.
“El puma es uno de los carnívoros más grandes del continente y, sin embargo, es un animal que tiene miedo del ser humano”, explicó Aguilar. Durante la conversación, destacó que se trata de una especie solitaria y nómade, que se desplaza de noche buscando su propio territorio: “Generalmente vemos un solo ejemplar porque no comparten espacio entre ellos. Los machos recorren grandes extensiones, de hasta 1.300 kilómetros cuadrados, en busca de un lugar que puedan considerar propio”.
La especialista subrayó que los recientes avistamientos no responden a una expansión agresiva de la especie, sino a un proceso de recuperación natural tras décadas de ausencia. “Durante muchos años el puma estuvo desaparecido en esta zona y fue la propia naturaleza la que permitió su regreso. Eso es algo excepcional”, enfatizó.
Consultada sobre los riesgos, Aguilar fue categórica: “El puma no busca atacar. Tiene miedo. No representa un peligro para las personas ni para las mascotas, salvo que se sienta acorralado. Su reacción más común es huir”. También aclaró que su dieta se compone principalmente de presas silvestres como jabalíes, ciervos o liebres, y que los ataques al ganado son casos excepcionales que ocurren cuando el animal pierde su fuente de alimento natural.
Para la médica veterinaria, la clave está en revisar el rol del hombre en el ecosistema: “Nosotros ocupamos cada vez más terreno. Entre la caza furtiva y la pérdida de hábitat, le estamos quitando al puma su alimento natural. Entonces, si el animal no tiene qué comer, busca en otro lado. El problema no es el puma: somos nosotros”.
Aguilar también respondió a una consulta frecuente sobre la relación entre la agricultura y el aumento de la presencia de felinos. “Sí, los lotes de maíz que permanecen largos períodos sin labranza generan refugio y alimento para otras especies como liebres y aves, lo que favorece indirectamente al puma. Es un equilibrio ecológico que debemos entender antes de juzgarlo”, explicó.
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Finalmente, ofreció recomendaciones ante un eventual encuentro con el animal: “Lo primero es no correr. Hay que mantenerse de pie, agrandar el cuerpo y retroceder lentamente sin darle la espalda. Si uno se achica o huye, el puma lo interpreta como una presa. Y por supuesto, avisar de inmediato a Defensa Civil o a los guardaparques, que están preparados para intervenir”.
Con serenidad y conocimiento, Soledad Aguilar invita a cambiar la mirada: del miedo al respeto. “El puma no es una plaga. Es parte de nuestra fauna nativa y debemos aprender a convivir con ella. La naturaleza es sabia; lo que vuelve, vuelve por una razón”.
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