El Pesquera III arrastrado por las aguas
El buque que la inundación de 1980 sacó de Puerto Quequén y quedó varado en Bahía de los Vientos, fue durante muchos años una imagen presente en las fotos de todos los turistas que visitaban la ciudad
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JUAN JOSE FLORES
Redacción
En los pueblos fundados a orillas de los ríos, las grandes crecidas suelen dejar marcas profundas en la memoria colectiva de la comunidad. Algunas se traducen en pérdidas materiales, otras en relatos que se transmiten con el tiempo.
En nuestra ciudad, la inundación de fines de abril de 1980 dejó, además, una postal imborrable: la silueta del buque Pesquera III recortada sobre la arena de Bahía de los Vientos.
Por aquellos días, el pesquero se encontraba amarrado en Puerto Quequén, como tantas otras embarcaciones que operaban en la estación marítima. Pero la situación cambió drásticamente cuando las intensas lluvias registradas en distintos distritos de la cuenca del río Quequén comenzaron a escurrir hacia el mar. El caudal creció de manera inusitada y, convertido en una correntada violenta, avanzó arrasando todo a su paso.
El día del desastre
El 29 de abril, el fenómeno alcanzó su punto más crítico. La fuerza del agua provocó el colapso de estructuras clave: primero el puente Negro, luego el Ferroviario y finalmente el Ezcurra, ubicado a escasos metros del puerto. Con ellos cedieron también amarras, defensas y toda contención posible.
La corriente, cargada de troncos, animales muertos y restos de viviendas, arrastró muelles y embarcaciones. En ese escenario caótico, el Pesquera III fue uno de los buques que no pudo resistir. Terminó siendo arrastrado mar adentro hasta quedar varado, definitivamente, a unos 1.500 metros al norte de la boca del puerto, frente a Bahía de los Vientos.
Allí comenzó otra historia.
El Pesquera III no era una nave cualquiera. Había sido botado en 1970 como parte de una serie de quince unidades tipo “cutter” construidas en astilleros de la entonces Alemania Oriental.
Diseñados originalmente para Cuba, estos buques pesqueros combinaban robustez y funcionalidad.
Con casi 38 metros de eslora, más de 8 metros de manga y un porte bruto de 236 toneladas, el barco reunía las condiciones necesarias para la actividad en alta mar.
En la década del 70 fue adquirido por la empresa Pesquera Galván S.A., de Puerto Galván, y rebautizado con el nombre que lo haría conocido en estas costas. Su matrícula, 4946, lo identificaba dentro de la flota nacional.
Sin embargo, aquel 29 de abril de 1980 marcó su destino. La varadura significó una pérdida constructiva total. Ya no volvería a navegar.
En las fotos de familia
Con el paso de los meses, y luego de los años, la estructura del buque encallado comenzó a integrarse al paisaje costero.
Para los habitantes de la zona y para los turistas, el Pesquera III se convirtió en una curiosidad, en una referencia visual inconfundible.
Era frecuente verlo en fotografías familiares, recortado contra el mar o rodeado de veraneantes que se acercaban a explorar sus restos cuando la marea lo permitía.
Durante mucho tiempo fue, incluso, un improvisado escenario de juegos. Niños y jóvenes recorrían sus cubiertas oxidadas, se internaban en sus compartimentos y lo transformaban en parte de sus aventuras estivales.
Pero el mar, paciente e inexorable, nunca dejó de avanzar.
Así lo reflejaba Ecos Diarios en su edición del 9 de abril de 1996, cuando advertía que, a casi 16 años de la inundación, el buque “estaba tocando a su fin”. La estructura ya se había partido y la corrosión ganaba la batalla. La salinidad, los golpes constantes de las olas y el paso del tiempo habían comenzado a desarmarlo pieza por pieza.
Las chapas del casco, alguna vez firmes, se desprendían como en un rompecabezas que se desarma lentamente. Algunas eran arrastradas por la corriente y terminaban contra los acantilados, como restos dispersos de una historia que se desvanecía.
La imagen del barco, que durante años se mantuvo erguida en el horizonte, comenzó a achicarse. “Su figura se reduce día a día, como si los hierros se encogieran”, señalaba la crónica. En Bahía de los Vientos, donde el mar avanza con persistencia sobre la costa, el Pesquera III iniciaba su lenta desaparición.
Hoy, más de cuatro décadas después de aquella inundación, su historia persiste en la memoria y en los archivos. Lo que fue primero una tragedia y luego una postal turística, terminó convertido en un símbolo del paso del tiempo y de la fuerza indomable de la naturaleza.
El Pesquera III ya no está. Pero su silueta, como tantas otras huellas del pasado, sigue anclada en el recuerdo de una comunidad que aprendió a convivir con el río, el mar y sus imprevisibles encuentros.
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