El “loco de la costa” y el turismo
En 1883 Julián Azúa desarrolló una primitiva “casa de baños” y al año siguiente inició la construcción de un hotel frente al mar. Fue uno de los olvidados fundadores de la ciudad
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En 1883 cuando Julián Azúa habilitó una casa de baños junto al mar. Al año siguiente comenzó a cavar los cimientos. Aquel emprendimiento en una playa azotada por los vientos del sur, sin árboles, con dunas que extendían su dominio a cientos de metros de la orilla, le valió el apodo de “El loco de la costa”.
Así lo dejó registrado un contemporáneo de Azúa, el periodista de origen español Antonio Noguera.
En 1888, el periodista Antonio Noguera publicó un libro titulado “Necochea, su historia, progreso y porvenir” relató que “las apacibles tardes del verano transcurren deliciosas en ‘La Perla del Océano’”, el hotel que levantó Azúa junto al mar y que más tarde ‘San Sebastián Argentino’.
Según el periodista, la obra de Azúa fue realizada “a costa de sacrificios y empeños”..
“Este hombre, uno de los primeros pobladores de Necochea, merece con sinceridad un aplauso. Su hombre nunca será extraño para Necochea, porque Necochea nunca olvidará al hijo del trabajo, que con el sudor de su frente, ha escrito en su suelo una página digna, decorosa y brillante de progreso”, agregaba.
Sin mezquinar elogios, decía que Azúa “con su capital y energía propias de la raza vascongada a que pertenece, se propuso llevar a cabo, hace como cuatro años la empresa más temeraria que hasta hoy se haya concebido en Necochea y que su profunda penetración le hacía ver su hermoso porvenir”.
El periodista también refleja el pesimismo con que los vecinos de la primitiva Necochea veían el fatigoso trabajo del vasco Azúa. “¿Pero quién era capaz de pensar en esa época, que pudiese mantenerse firme un edificio en la costa del Atlántico? ¿Con qué objeto?... Para baños, decía Azúa y los que lo veían afanoso y entusiasta, huían porque aquello era una locura; pero cuántas más decepciones recibía, más empeño demostraba y cuando más lo abandonaba, más fuerte se sentía”.
De acuerdo al periodista, la empresa parecía imposible: “¿Quién se atrevería a suministrarle los elementos necesarios para levantar su castillo? Nadie, seguramente, pero no por eso desmayaba ni menos el no contar con brazos que lo ayudaran, porque aquello era pedir peras al olmo”.
Según Noguera “el loco de la costa” no era un empresario turístico como los de la actualidad. El mismo arremetió la construcción del hotel: “Con sus propias manos, ayudado de su joven hijo, iba apilando piedra sobre piedra, ya revolviendo la mezcla de arena y cal, para empezar más tarde la obra de carpintería que habría de proporcionarle un techo donde repararía los días de fatiga, recompensando las crueldades del invierno, mitigando los rigores del verano”.
Muchos locos como Azúa
En el libro “Necochea, ciudad progresista y poética”, el escritor Eduardo Escobar reproduce el acta fundacional de Necochea y señala que junto a los nombres de Angel Murga y Victorio de la Canal aparecía el “vecino” Julián Azúa.
Dos años después de la fundación, en 1883, Azúa inauguró la primera casa de baños y al año siguiente inició la construcción de su hotel frente al mar.
Ya para 1888, cuando se publicó el libro de Noguera, Azúa había levantado su hotel y su balneario. “Hoy día es el paraje más concurrido, no sólo por los del pueblo, sino que de año en año ha ido aumentado el número de bañistas extranjeros que han quedado completamente encantados de esa mansión saludable y poética, que les ha proporcionado los más felices momentos de tranquilidad y bienestar”, describía el libro.
“El último verano, las 48 casillas de baño que existían, han sido insuficientes para contentar a la inmensa concurrencia que afluía. Felizmente, este año entró en grandes reformas, que podrían satisfacer las exigencias necesarias, pues, además de refaccionar completamente el hotel y aumentar su persona, las casillas serán duplicadas”, explicaba.
“Al comparar el ayer con el hoy, se me ocurre una plegaria en favor de Necochea. Dadle, Dios poderoso, muchos locos como Azúa”, finalizaba Noguera.
Lamentablemente, tiempo después un fuerte temporal se llevó todo lo construido.
Los vestigios de ese primitivo balneario quedaron hasta 1955, cuando el comisionado municipal Soldavini hizo retirar los últimos postes de quebracho que quedaban, restos de la antigua rambla. En ese mismo año se ordenó también eliminar algunos hierros que sobresalían en el piso y resultaban peligrosos para la gente que circulaba por el lugar.
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