El juego, una actividad clave para el desarrollo de las relaciones sociales, las emociones y lo neuronal
Especialistas destacan que el juego libre fortalece el desarrollo cerebral, la creatividad y los vínculos sociales. En un contexto marcado por las pantallas y las agendas cargadas, recuperar tiempo para jugar vuelve a ser un desafío para las familias de Necochea y el distrito.
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Una tarde en la Plaza Dardo Rocha, en el Parque Miguel Lillo o en cualquier espacio público de Necochea todavía permite observar una escena que parece resistir el paso del tiempo: chicos corriendo detrás de una pelota, inventando reglas sobre la marcha o transformando cualquier rincón en un territorio de aventuras. Sin embargo, para muchos niños esos momentos son cada vez menos frecuentes.
Las actividades escolares, los deportes, los talleres, las clases particulares y el tiempo frente a las pantallas ocupan buena parte de las jornadas infantiles. En ese contexto, especialistas advierten sobre la necesidad de recuperar espacios para el juego libre, una actividad que está lejos de ser una simple forma de entretenimiento.
La psicóloga Sonia Almada señaló que jugar es una manera natural de comprender el mundo, expresar emociones y desarrollar habilidades sociales. A través de esas experiencias, los niños aprenden a comunicarse, cooperar y resolver conflictos con otros, herramientas fundamentales para su crecimiento.
Pero los beneficios no se limitan a las relaciones sociales. La neuróloga y psiquiatra Andrea Abadi explicó que el juego genera cambios en las conexiones neuronales de la corteza prefrontal, una región del cerebro vinculada con la planificación, la regulación emocional y la resolución de problemas. “Cada vez que un niño juega también está aprendiendo”, sintetiza uno de los conceptos que sostienen los especialistas al abordar el impacto del juego libre en el desarrollo infantil.
La creatividad es otro de los aspectos que se fortalecen. La psicóloga María Fernanda Rivas destacó la importancia de que los chicos dispongan de tiempo para jugar sin objetivos predeterminados, permitiendo que la imaginación ocupe un lugar central en su desarrollo. “La fantasía y la creatividad necesitan tiempo para desplegarse”, remarcan quienes estudian el comportamiento infantil. Incluso el aburrimiento, muchas veces evitado por los adultos, puede convertirse en el punto de partida para nuevas ideas y experiencias.
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En el distrito de Necochea, la realidad presenta algunas diferencias según el lugar donde crecen los chicos. Mientras en la ciudad existen numerosas propuestas educativas, deportivas y recreativas que enriquecen la formación infantil, también pueden generar agendas más estructuradas y con menos tiempo libre.
En localidades como La Dulce, Juan N. Fernández, Claraz o Ramón Santamarina, las distancias cortas, la cercanía entre vecinos y la disponibilidad de espacios abiertos suelen favorecer una relación más cotidiana con el juego espontáneo. No se trata de una realidad mejor o peor, sino de contextos distintos que invitan a reflexionar sobre cuánto lugar ocupa el juego en la vida de los niños.
El psicomotricista Daniel Calmels advirtió que las infancias actuales enfrentan un déficit de juego espontáneo y remarcó que estas experiencias ayudan a desarrollar la creatividad, el interés por descubrir y la capacidad de elaborar emociones. “Los chicos necesitan menos pantallas y más oportunidades para jugar”, sostiene el especialista.
Para padres, madres, abuelos y adultos responsables, el desafío quizás no sea sumar más actividades, sino reconocer que jugar también forma parte del aprendizaje. Porque detrás de una escondida, una bicicleta o una tarde entre amigos, los chicos no solo se divierten: construyen vínculos sociales, fortalecen su desarrollo infantil y crean las bases de su futuro.///
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