El gasto público primario profundiza su ajuste y cae por debajo de la inflación
Durante octubre, el Gobierno nacional mantuvo su política de recorte presupuestario, acumulando una baja real del 3,2% en los primeros diez meses del año en un contexto de estricta adecuación del gasto a la recaudación.
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/11/luis_caputo.jpg)
La administración pública nacional continúa profundizando su estrategia de ajuste del gasto público primario, una tendencia que se consolidó durante el mes de octubre. De acuerdo con los datos relevados por el economista Nadin Argañaraz, titular del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el gasto primario alcanzó los 12.001.177 millones de pesos en el décimo mes del año. Esta cifra representa una variación real interanual negativa del 5,4%, lo que confirma la persistencia de la política de recorte implementada por el Gobierno para sostener el superávit fiscal.
Al analizar el desempeño acumulado durante los primeros diez meses de 2026, el gasto totalizó 115.237.028 millones de pesos. Este número refleja una reducción real interanual del 3,2% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Resulta significativo destacar que, de los diez meses transcurridos en el año, en siete se registró una baja real interanual del gasto primario devengado. El pico de esta política de contracción se observó durante el mes de agosto, cuando la merma real interanual alcanzó el 10,2%, marcando el punto más alto de la denominada motosierra aplicada sobre las cuentas públicas.
El informe del IARAF detalla que, tras un breve periodo de aumento real interanual, octubre volvió a marcar una tendencia a la baja del 5,4% en el gasto devengado. En este escenario, el análisis de los componentes del gasto revela una marcada disparidad en la distribución de los recursos. De los nueve rubros analizados, solamente tres mostraron incrementos en términos reales. La inversión real directa lideró las subas con un 6,1%, seguida por las transferencias corrientes a universidades con un 5,7%, y finalmente las jubilaciones y pensiones, que registraron una suba del 2,2%.
En contrapartida, la gran mayoría de los sectores sufrieron recortes significativos. Las transferencias corrientes a provincias encabezaron la lista de las caídas con una disminución del 56,4%, seguidas de cerca por las transferencias de capital a las provincias, que se redujeron un 55,9%. Estos datos evidencian la magnitud del ajuste sobre las jurisdicciones subnacionales, un eje central en la estrategia de contención del gasto que el Gobierno ha sostenido de manera constante a lo largo de todo el ejercicio fiscal del año 2026.
El ajuste del gasto devengado refleja la decisión del gobierno de definir el gasto en función de la recaudación. La caída interanual de la recaudación ha implicado una caída real del gasto devengado. Dada la movilidad del gasto en jubilaciones, que ajusta en base a la inflación de dos meses previos y registra una suba real, el resto del gasto debe bajar más que proporcionalmente, para adecuarse al nivel de recaudación.
El impacto del recorte también alcanzó a otros sectores clave. Las transferencias corrientes destinadas a empresas públicas, fondos fiduciarios y otros entes registraron una caída del 26,4%. Por su parte, los recursos dirigidos al sector privado experimentaron una baja del 14,3%. El gasto en bienes y servicios también se vio afectado con una disminución del 10,1%, mientras que las remuneraciones del personal estatal sufrieron un ajuste del 3,1%. Estos números reflejan una política de austeridad transversal que busca equilibrar las finanzas nacionales.
Si se analiza la ejecución del gasto de la Administración Nacional bajo la modalidad de base caja, es decir, por lo efectivamente pagado, los resultados son igualmente contundentes. En octubre de 2026, el gasto primario base caja habría tenido una caída real del 9,7%, alcanzando un nivel de 12.314.453 millones de pesos. Al considerar el acumulado parcial a octubre, sobre un total de 112.377.174 millones de pesos, la variación interanual habría sido negativa en un 4,2%. Esta diferencia entre el gasto devengado y el pagado subraya la rigurosidad con la que se gestionan los desembolsos.
La comparación entre ambas mediciones es reveladora para entender la dinámica fiscal. Mientras que el gasto devengado acumulado en los primeros diez meses se redujo un 3,2% real interanual, el gasto efectivamente pagado se ajustó un 4,2% real interanual. Esta brecha indica que, además de la planificación del gasto, existe una ejecución financiera que prioriza la disponibilidad de fondos líquidos para asegurar el cumplimiento de las metas fiscales establecidas por el equipo económico liderado por el ministro Luis Caputo.
El contexto macroeconómico obliga al Gobierno a mantener esta postura. La caída interanual de la recaudación actúa como un techo para el gasto, forzando a una readecuación constante. Dado que las jubilaciones poseen una movilidad propia vinculada a la inflación de dos meses previos, este rubro mantiene una suba real que, por lógica contable, obliga a que el resto de las partidas presupuestarias deban reducirse de manera más que proporcional para no comprometer el superávit primario que el Ejecutivo se ha propuesto como objetivo innegociable para este año.
En conclusión, el panorama fiscal de los primeros diez meses del año 2026 muestra un Estado que ha priorizado el equilibrio de sus cuentas por sobre el gasto corriente. Con siete meses de recortes reales sobre diez, la política de ajuste se ha consolidado como la herramienta principal de la gestión. La sostenibilidad de esta tendencia dependerá, en gran medida, de la evolución de la recaudación y de la capacidad del Gobierno para seguir ajustando los componentes del gasto que aún no han sido alcanzados por la motosierra, manteniendo así el superávit alcanzado hasta la fecha.