El desafío de prohibir o repensar el uso de la IA
La decisión de limitar el uso de celulares en escuelas primarias y secundarias obliga a analizar la introducción de la tecnología en las aulas
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/celulares.jpg)
Juan José Flores
Redacción
El debate sobre el impacto de la tecnología en la educación tomó un nuevo impulso en la provincia de Buenos Aires tras la puesta en práctica de una ley que prohíbe el uso de celulares en las aulas de las escuelas primarias.
La medida comenzó a implementarse esta semana y responde a una preocupación creciente por los efectos que el uso excesivo de dispositivos digitales puede tener en la concentración, el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes.
La normativa fue sancionada el 18 de septiembre de 2025 por la Legislatura bonaerense y establece que los alumnos de nivel primario, tanto en escuelas públicas como privadas, no pueden utilizar pantallas durante su permanencia en los establecimientos educativos, salvo en los casos en que el uso sea requerido por el personal docente con fines pedagógicos.
Mientras tanto, en algunas escuelas secundarias privadas de la ciudad se decidió restringir el uso de celulares, aunque no existe ninguna legislación que respalde esta medida.
Herramienta
En una entrevista con Ecos Diarios, la docente Sofía Lazovich, profesora de Prácticas del Lenguaje en la Escuela Secundaria 7, compartió su experiencia con el uso pedagógico de la tecnología.
Si bien la ley vigente apunta principalmente al nivel primario, Lazovich considera que el desafío educativo actual no pasa necesariamente por excluir las herramientas digitales, sino por enseñar a utilizarlas de manera crítica.
En sus clases, por ejemplo, el uso del celular forma parte de algunas actividades vinculadas con la inteligencia artificial (IA). “Nosotros trabajamos con celulares porque tratamos de incluir el uso de la inteligencia artificial en el aula”, explica.
Una de las propuestas consiste en plantear desafíos donde los estudiantes deben lograr que una IA genere una imagen que se conecte con otra para producir luego un pequeño video. Aunque la consigna parece técnica, el eje del trabajo está puesto en el lenguaje.
“Eso nos conduce directamente a hacer una reflexión sobre el lenguaje. ¿De qué manera lo pido? ¿Cómo construyo mi discurso para que la IA me comprenda?”, señala.
De esta manera, los alumnos deben recurrir a sus conocimientos gramaticales y lingüísticos para formular indicaciones cada vez más precisas, lo que convierte al ejercicio en una instancia de aprendizaje vinculada directamente con los contenidos de la materia.
Más allá de la innovación pedagógica, el uso del celular también responde a una realidad cotidiana en muchas aulas.
Según explica Lazovich, en varios casos el teléfono funciona como una especie de computadora personal que permite acceder a materiales de estudio sin necesidad de recurrir a fotocopias.
“Muchas veces me resulta práctico que ellos se descarguen los textos en el celular porque implica que todos van a poder acceder al material”, comenta.
Desde esa perspectiva, el dispositivo también cumple una función de equidad educativa, ya que facilita que ningún estudiante quede afuera de las lecturas o actividades por motivos económicos.
La docente reconoce, sin embargo, que el uso de celulares también presenta dificultades. Las redes sociales, los videojuegos o los mensajes pueden convertirse fácilmente en una distracción.
Por eso, en lugar de plantear un esquema estrictamente punitivo, su enfoque se basa en la construcción de acuerdos con los estudiantes.
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/profesores.jpg)
La IA en el aula
En esa misma línea, el profesor Julián Arocena, docente de Síntesis de Imagen y Animación de la Escuela Técnica Nº 3, considera que la discusión no debería centrarse en la prohibición de las nuevas herramientas, sino en la forma en que se utilizan dentro del proceso educativo.
“No debería prohibirse el uso de la IA en el aula, pero debería claramente orientarse”, sostiene. A su juicio, el problema aparece cuando el uso de estas herramientas se vuelve automático o reemplaza el proceso de aprendizaje. “No se puede dejar un uso liberado de la herramienta porque invita a omitir todo lo que es el trabajo de investigación, de contraste de datos e información”.
Para Arocena, el desafío consiste en enseñar a los estudiantes a incorporar la inteligencia artificial como una herramienta más dentro del proceso educativo, sin que sustituya el esfuerzo intelectual propio. “Hay que enseñar a usarla como una herramienta más, pero no para suplir la práctica escolar y el desarrollo de las personas dentro del aula”, afirma.
El docente señala además que la presencia de la inteligencia artificial ya atraviesa múltiples campos profesionales, lo que vuelve inevitable su incorporación en la educación. “La inteligencia artificial ya está metida prácticamente en todos los rubros: el ámbito audiovisual, el diseño y la arquitectura”, explica.
En ese contexto, considera que la tecnología puede aportar ventajas concretas en el proceso de aprendizaje. “Se puede usar para potenciar el aprendizaje y para automatizar tareas que por ahí son tediosas”, indica.
Sin embargo, advierte que uno de los aspectos más delicados es la aparente neutralidad de la información generada por estas herramientas. “Es importante transmitir que la IA puede tener, y normalmente tiene, un sesgo. Depositar la confianza en que lo que nos provee tiene características objetivas es peligroso”.
Por ese motivo, remarca la importancia de promover una mirada crítica sobre los contenidos que circulan en internet. “Detrás de todo lo que hay en internet, incluyendo la IA, suele haber sesgos ideológicos y orientaciones. Hay que tener conciencia de eso para mantener el pensamiento crítico y la capacidad para discernir”, explica.
Para el docente, el avance de estas tecnologías es tan rápido que su incorporación al sistema educativo resulta inevitable. “Es una tecnología que ha venido para quedarse y evoluciona mucho más rápido de lo que podemos avisorar; necesariamente debe incorporarse al sistema educativo”, señala.
En ese sentido, reconoce que, aunque los programas oficiales todavía no han sido plenamente actualizados, el tema ya forma parte de las discusiones pedagógicas. “Aunque los diseños curriculares todavía no están actualizados, en las jornadas institucionales se debate la posibilidad de reflexionar y pensar cómo aplicar esta nueva herramienta, porque no tiene sentido negar su existencia al estudiantado”.
Aun así, insiste en que la tecnología no puede reemplazar el rol docente ni el proceso de aprendizaje. “La IA puede ayudar a obtener contenido más original o distinto para captar la atención, pero el control pedagógico sobre lo que se quiere enseñar lo debe tener cada docente”.
El objetivo final, afirma, sigue siendo el desarrollo intelectual de los estudiantes. “Cada estudiante tiene que tener conciencia de lo que está haciendo para incorporar nuevos conocimientos e incrementar su capital cultural. Si dejamos todo en manos de la IA, las cosas no se absorben de la misma forma”.
Incluso advierte que el uso indiscriminado de estas herramientas podría tener consecuencias en el desarrollo cognitivo. “Realizar trabajos con IA, para docentes como para personas adultas, reduce las capacidades cognitivas y de concentración. Sobre esto hay varios estudios ya”, sostiene.
Discriminar la información
El profesor Ignacio Ibarguren, docente de Prácticas del Lenguaje y Literatura en ISADAM, el Complejo Educativo Ítalo Argentino y la Escuela Modelo Argentina, coincide en que la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos pedagógicos.
A su entender, el problema no es la herramienta en sí misma, sino el modo en que los estudiantes la utilizan. “Considero que se debería modificar el uso que se hacía en el aula, porque lo que hacían los chicos era volcar todo en la inteligencia artificial y no hacer ese ejercicio de pensamiento primero; eso les sacaba mucho razonamiento”.
Ibarguren observa además una diferencia generacional en la forma de relacionarse con la tecnología. “Nosotros nacimos en una época en la que usábamos los libros, después la computadora y el celular, pero primero aprendíamos a razonar por nosotros mismos y después aprendimos las herramientas. Los chicos ya nacieron con el celular en la mano; no aprendieron primero a manejar la información y después la herramienta, sino que ya nacieron con ella, y eso se les complica”.
En ese contexto, considera fundamental enseñar a los estudiantes a evaluar la información que reciben. “Habría que enseñarles a cómo discriminar la información que hay, porque la inteligencia artificial no es más que un cúmulo de millones de datos. En un milisegundo les puede dar más información que cualquier docente; la cosa es que esa información sea pertinente”.
Por eso, sostiene que la tarea docente debe orientarse a desarrollar criterios de selección y análisis. “Lo que tenemos que hacer es ayudarlos a discriminar cuál información es correcta y cuál no, o cuál no va para determinado contexto; eso es lo importante”.
En sus clases, explica, también se trabaja en la formulación de preguntas adecuadas para interactuar con la inteligencia artificial. “En clase les enseñamos a preguntarle a la IA: ¿qué datos le tengo que dar para que la pregunta sea específica y me dé el tipo de respuesta que quiero?”.
El docente considera que, bien utilizada, la herramienta puede convertirse en un recurso valioso para el estudio. “Está muy bueno utilizarlo como una herramienta de estudio. Por ejemplo, volcar un resumen propio para que la inteligencia artificial prepare preguntas de autoevaluación o un verdadero y falso”.
Desde esa perspectiva, advierte que una prohibición absoluta podría resultar contraproducente. “La prohibición por completo va en contra de la evolución y del avance tecnológico. Los chicos van a egresar en pocos años a un mundo donde la tecnología es cada vez más central; si la educación es 100% en papel, les queda un poco obsoleta”.
Para Ibarguren, el desafío educativo también implica una actualización permanente del rol docente. “Tenemos que seguir capacitándonos para aprovecharla al enseñar. Debería haber materias específicas o talleres con gente especializada que enseñe a los chicos a utilizar la inteligencia para su propio beneficio, pero sin dejar de lado su propia capacidad de razonamiento”.
Un desafío para todos
El director de la Unidad Académica “José Manuel Estrada”, Ariel Gamboa, considera que la aparición de la inteligencia artificial no sólo interpela a la escuela, sino también al conjunto de la sociedad.
“La IA aparece como una novedad que desafía no solo a la escuela sino también a la sociedad actual. En parte su atractivo radica en la inmediatez para resolver o consultar. Estamos en tiempos donde todo debe ser ya”, reflexiona.
En ese marco, entiende que el debate educativo debe incluir espacios de diálogo con los estudiantes. “Por supuesto que se debe reflexionar con los estudiantes sobre su uso y es tarea de los docentes dialogar con los alumnos sobre su utilidad y riesgos”.
Gamboa recuerda además que las innovaciones tecnológicas siempre generaron discusiones similares a lo largo de la historia. “Históricamente los cambios han generado debate: los medios de transporte, la máquina a vapor, el mundo satelital y la cultura digital; bueno, la IA no será la excepción”.
Sin embargo, considera que el pensamiento humano sigue siendo un elemento insustituible en el proceso educativo. “Desde mi perspectiva no podrá reemplazar el razonamiento humano basado en siglos y siglos de cambios. Basta con pensar en los griegos y las transformaciones que se gestaron desde el Mundo Clásico hasta ahora”.///
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión