“El cuerpo de las mujeres fue territorio de castigo"
Josefina Ignacio reflexionó sobre la dictadura con perspectiva de género
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
A 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la reflexión sobre la memoria colectiva vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública. Sin embargo, como planteó Josefina Ignacio, integrante de la Comisión contra la Tortura, aún persisten aspectos poco explorados de ese pasado reciente. Invitada a “Punto de vista” por Ecos Radio, propuso revisar la historia desde una perspectiva de género, poniendo el foco en las violencias específicas que padecieron las mujeres durante el terrorismo de Estado.
“Cuando decimos democracia, pensamos en derechos, pensamos en libertades, pensamos en el fin del horror y pensamos mucho en el nunca más. Pero recordar el nunca más no es solo repetir lo que ya sabemos. También creo que es una oportunidad para preguntarnos qué historias quedaron afuera, qué voces todavía no fueron escuchadas”, señaló
Violencias silenciadas
Desde ese lugar, Ignacio subrayó que “la historia del terrorismo de Estado no está completa si no se incorpora la experiencia de las mujeres y de las disidencias”. En ese sentido, remarcó que, además de las desapariciones, las torturas y la persecución política, existió una violencia sistemática hacia las mujeres que durante mucho tiempo permaneció silenciada.
“Hubo algo más: la violencia de género. Mujeres que fueron torturadas sexualmente, es decir, que fueron violadas. Mujeres que fueron obligadas a parir en cautiverio, mujeres a las que les robaron sus hijos y sus hijas”, expresó y agregó: “Esto no fue algo secundario. Esto fue parte del sistema represivo, esto fue un plan, esto fue pensado porque el cuerpo de esas mujeres en cautiverio fue utilizado como territorio de castigo y también fue utilizado como forma de disciplinamiento.”.
Y añadió: “No se las castigaba solamente por militar en política, se las castigaba por romper el mandato de lo que debían ser que, para la época, para el paradigma de la época y especialmente para los militares era el ámbito privado”, sostuvo, en referencia al modelo de mujer impuesto por la dictadura.
En ese marco, la entrevistada explicó que el ensañamiento contra las mujeres tuvo un componente específico vinculado al orden patriarcal: “Tuvieron un especial ensañamiento contra ellas por haber desafiado ese orden patriarcal”. Y agregó que durante las sesiones de tortura eran estigmatizadas con expresiones como “malas madres” o acusadas de haber abandonado a sus hijos, lo que evidencia cómo la maternidad fue utilizada como mecanismo de castigo.
La entrevistada ejemplificó la lógica represiva extrema que se aplicaba con el robo sistemático de bebés: “¿Hay algo más cruel que se le puede aplicar a una mujer que robarle sus hijos?”, puntualizó.
Consultada sobre por qué estas violencias tardaron tanto en ser visibilizadas, Ignacio aclaró: “El silencio también fue parte de esa violencia, muchas víctimas cargaron con mucha vergüenza, con culpa, con miedo. Y durante años consideraron que se trataba de experiencias individuales, sin dimensionar su carácter sistemático que formaba parte del sistema represivo”
Voces que emergen
Recién a partir de la reapertura de los juicios en 2005 comenzaron a emerger con mayor fuerza estos testimonios. “Empiezan a aparecer los testimonios sobre la violencia sexual sistémica que habían sufrido estas mujeres”, indicó. Y destacó el rol clave de los organismos de derechos humanos y del movimiento feminista en este proceso: “Empezó a llamarse a la violencia sexual como crímenes de lesa humanidad, como violencia sexual sistemática y como violencia política con dimensión de género”.
En términos judiciales, subrayó un dato significativo: “Que se haya tratado como delito autónomo fue recién a partir del 2010 y esto que traigo no es menor. Es poder nombrar las cosas como son, es reconocer y reconocer es el primer paso para reparar”.
Por otro lado, Ignacio trazó un puente con el presente y alertó sobre la vigencia de ciertos discursos y prácticas. “Hoy seguimos escuchando discursos que culpan a las víctimas, cuando se cuestiona a las mujeres por cómo se visten, por lo que hacen”, señaló, y agregó: “Aquí hay una continuidad, nosotras vemos una continuidad”.
En ese sentido, sostuvo que la memoria no debe entenderse como un acto meramente conmemorativo: “La memoria y el recuerdo no son solo un acto conmemorativo. Debe ser una práctica viva”. Tenemos que preguntarnos qué hacemos con eso. Hay que sostener los derechos conquistados, pero también hay que pelear por los que faltan”.
Finalmente, Ignacio expresó su preocupación frente a los discursos negacionistas: “Me parece que hay una intención de no solo negar, sino a veces hasta de reivindicar el golpe de Estado. No se puede negar lo que sucedió, es imposible”, dado el volumen de pruebas y testimonios existentes.
Para cerrar, la periodista volvió a poner el foco en el eje central de su reflexión: la necesidad de incorporar una perspectiva de género en el análisis histórico. “Lo que quiero traer es que el golpe de Estado tuvo una perspectiva de género. Esa mirada nos va a demostrar que las mujeres, además de la tortura que sufrieron, sufrieron una tremenda violencia de género”, finalizó
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