El corralón que se encarga de la ciudad
Detrás de cada bache reparado, cada lámpara que vuelve a encenderse o cada escenario que aparece en una fiesta popular, hay un engranaje que trabaja desde bien temprano. En la Dirección de Servicios Públicos de la Municipalidad unas 240 personas sostienen buena parte del funcionamiento cotidiano de esta comunidad
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Por Jorge Gómez
Hay áreas del Estado municipal que se ven todos los días pero que casi nadie conoce por dentro. Una de ellas es la Dirección de Servicios Públicos de la Municipalidad de Necochea, más conocida popularmente como “el corralón”. Desde ese predio ubicado en avenida 43 entre 62 y 64 sale cada jornada una estructura que sostiene buena parte del funcionamiento cotidiano de nuestra comunidad.
Al frente está Ariel Rodríguez, “el Rusito”, un hombre de carrera municipal que lleva 25 años dentro de la estructura y una década al frente de la Dirección. Tiene 46 años y habla del lugar como de su segunda casa. No es una metáfora exagerada. Su cada día empieza antes de las seis de la mañana, con la organización de una maquinaria humana que ronda las 240 personas. Es decir, cerca del diez por ciento del total de empleados municipales.
El concepto que guía esta gestión es simple si se lo escucha, que se basa en concentrar el mantenimiento. Cuando concursó para ocupar formalmente el cargo presentó un proyecto para unificar áreas que antes estaban dispersas en distintas dependencias municipales. Así, el mantenimiento del Hospital, del Polideportivo, del Centro Cívico, del Cementerio y del propio Palacio Municipal pasó a depender del mismo esquema operativo.
La lógica es clara. Ante un mismo presupuesto, un mismo sistema de organización y una misma estructura técnica para resolver problemas. “Todo pasa por servicios”, resume Rodríguez. Y no exagera.
Dentro de la Dirección existen nueve divisiones que cubren desde el taller vial hasta el barrido y la limpieza, pasando por pavimento, mantenimiento de edificios públicos y tareas en distintos espacios municipales. Pero el corazón de todo está en el taller.
Allí trabajan mecánicos, ayudantes y personal especializado que mantiene en funcionamiento el parque automotor municipal. Camiones, camionetas, palas mecánicas, mini cargadoras, utilitarios y vehículos de traslado de personal pasan por ese lugar. Si un vehículo de tránsito se rompe, va al taller. Si una ambulancia necesita reparación, también. Si un camión deja de funcionar, lo atienden allí.
“Si el taller no funciona, nosotros no funcionamos”, explica Rodríguez.
Pero el engranaje no termina en la calle. Detrás de cada cuadrilla hay un pequeño equipo administrativo que sostiene la logística. En la Municipalidad, conseguir un insumo implica recorrer un expediente de casi treinta pasos administrativos. Desde el pedido inicial hasta la compra efectiva pueden pasar más de treinta días.
Por eso el sistema funciona anticipándose. Comprar antes, prever materiales, calcular necesidades. De lo contrario, el servicio se paraliza.
Una hilera de preguntas críticas emana muchas veces de la misma sociedad, invalidando o desacreditando las tareas de esta dependencia. La mejor forma de responder esta percepción es informar y señalar fiel y rigurosamente lo que allí se hace, una traba del área que se sitúa a casi una docena de cuadras del palacio municipal.
El día comienza al lugar con la llegada de reclamos y pedidos. Algunos llegan por teléfono -el histórico fono fijo 424857 sigue sonando- y otros por correo electrónico. Allí un administrativo clasifica cada mensaje y lo distribuye según el área correspondiente. Cuando el director llega al corralón, ya hay una pila de órdenes de trabajo listas para repartir. De ese modo salen las cuadrillas hacia distintos puntos de la ciudad.
A veces son trabajos visibles como ser la reparación de cordones cuneta, bacheo de pavimento, reposición de luminarias LED o limpieza de calles. Otras veces son tareas que pasan inadvertidas, por citar el arreglo en los centros de salud, mantenimiento en jardines de infantes, reparaciones en edificios públicos o el montaje de infraestructura para eventos.
El corralón también interviene en la logística de fiestas populares, escenarios, instalaciones eléctricas y armado de estructuras para encuentros y fiestas comunitarias. Cada fin de semana puede implicar un operativo distinto.
Nada de eso se detiene. Se puede chequear que el servicio funciona mañana, tarde y noche. Incluso la recolección de ramas -un problema recurrente durante el otoño- tiene tres turnos diferentes. Algo se colecta desde aquí y otro lo hace, cuando son más de 1 metro cúbico, la firma Relisa.
El tamaño de la ciudad exige ese ritmo. Necochea supera los 100 mil habitantes y se extiende sobre un territorio largo y complejo, con barrios antiguos y una infraestructura que muchas veces acusa el paso de las décadas.
En ese contexto, la cuestión presupuestaria siempre aparece. Los costos de materiales han crecido de manera notable. Un ejemplo sirve para ilustrarlo. Reparar una losa de pavimento de hormigón -5 metros cúbicos- puede costar alrededor de 1.000.000 de pesos sólo en materiales. Hace un año y medio se podían realizar hasta 60 metros cúbicos de pavimento por mes. Hoy no llegan ni al veinte por ciento de ese volumen.
Aun así, el sistema -se admite- sigue funcionando.
La Dirección dispone de unos treinta vehículos entre camionetas, camiones y maquinaria vial. Mantenerlos en marcha implica un consumo cercano a 1.000 litros de combustible por día. Sólo en combustible se gastan más de 2.000.000 de pesos diarios.
Pero quizá el capital más valioso no esté en las máquinas sino en los oficios. En el corralón todavía trabajan herreros, carpinteros, electricistas, mecánicos y albañiles. Oficios que escasean en muchos lugares y que allí siguen transmitiéndose de generación en generación.
Hay trabajadores próximos a jubilarse que enseñan a los más jóvenes. Y ese conocimiento acumulado permite resolver desde la construcción de muebles para oficinas municipales hasta reparaciones complejas en edificios públicos.
La propia renovación de la oficina de licencias de conducir en 75 casi 58, por ejemplo, se hizo con mobiliario fabricado en la carpintería del corralón.
En paralelo, el área también asumió tareas importantes en el Hospital Municipal, donde se realizaron trabajos de pintura, techado, accesos para ambulancias y mejoras en distintos sectores.
Son intervenciones que muchas veces pasan desapercibidas para el vecino común.
Quizá por eso Rodríguez insiste en una idea. La gente tiene derecho a reclamar. Cada vecino que paga sus tasas espera una respuesta. Pero también cree -bien por ello- que es necesario contar qué ocurre detrás de cada servicio.
Porque cuando una luminaria vuelve a encenderse, cuando un bache desaparece o cuando un centro de salud es reparado, casi siempre hay una cuadrilla que salió desde el corralón antes del amanecer.
Y allí, en ese predio municipal que funciona como una verdadera central de operaciones urbanas, comienza cada día una parte silenciosa -pero fundamental- de la vida de Necochea.
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