Domingo 3 de febrero de 1996
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Mermaba un 15% la cantidad de turistas
Al igual que en otros balnearios de la costa atlántica, se había observado menor cantidad de visitantes y cambios en sus costumbres, adaptándose a la crisis económica.
En una “temporada difícil”, como la había calificado el secretario de Turismo de la comuna necochense, Eduardo Ferrero, aquel verano se había acentuado la caída del número de turistas en nuestras playas, al compás de lo ocurrido en el resto de los balnearios de la costa atlántica.
Las cifras revelaban que Necochea continuaba la curva descendente que se venía dibujando desde hacía algunos años en cuanto a caudal turístico.
Un total de 268.226 turistas habían elegido Necochea y Quequén durante los meses de enero y febrero. Al compás de la crisis económica, la recesión y la caída del poder adquisitivo de la mayoría de los argentinos, la cantidad de visitantes había disminuido en aproximadamente un 15% con relación a la temporada anterior. La cifra era algo menor a las registradas en otros balnearios de la costa atlántica, en los que la caída había rondado el 30%.
En la temporada anterior, que no había sido brillante, precisamente, habían llegado a Necochea algo más de 314.000 turistas. Ese verano lo habían hecho unas 46.000 personas menos, resultando preocupante que siguiera disminuyendo el número de visitantes. A tal punto que ya parecía un lejano recuerdo la media de 400.000 turistas que se había mantenido durante varios años.
De todas maneras, la fría estadística sólo reflejaba la caída del número de visitantes. No alcanzaba para pintar un cuadro que diera cuenta a los comerciantes, hoteleros y concesionarios de balnearios. Porque además de haber sido muchos menos, los turistas que habían visitado Necochea lo habían hecho contando con un devaluado poder adquisitivo, tal como había sucedido en otros balnearios, viéndose obligados a cambiar sus hábitos de consumo para poder estar de vacaciones fuera de sus lugares de origen.
Como coincidían en señalar operadores turísticos y comerciantes, “las temporadas son cada vez más cortas y la gente gasta cada vez menos”.
Otro fenómeno que se había producido aquel verano en la costa atlántica había sido la presencia de turistas “golondrina”, denominación asignada a aquellos que llegaban a cada balneario los fines de semana para retornar el lunes a sus lugares de origen. Necochea no había sido la excepción: los fines de semana el caudal de visitantes había crecido sensiblemente, fundamentalmente por el aporte de vecinos de localidades de la región.
La Secretaría de Turismo de Necochea había revelado que en enero habían hecho consultas en sus oficinas unas 5.400 personas. Una encuesta realizada con esos mismos turistas había determinado que el 35% se había alojado en hoteles, un 10% en departamentos alquilados, un 32,5% en casas alquiladas, un 10,5% en inmuebles de su propiedad y un 12% en campings.
Ese mismo trabajo del organismo municipal había incluido la procedencia de los turistas, arrojando como saldo que la mayoría de los visitantes residía en el interior de la Provincia de Buenos Aires (26,3%). Un 14,7% había provenido del Gran Buenos Aires y un 12,8% de la Capital Federal.
Después de Buenos Aires, Córdoba era la provincia que mayor cantidad de turistas había aportado, según esa encuesta parcial: un 12,5%. Le seguían Mendoza (9,6%), La Pampa (9,2%), San Juan (5%) y Santa Fe (2%). En conjunto, el resto de las provincias había sumado el 7,9%.
Cambios en la atención
El Departamento Ejecutivo había dispuesto el traslado del Departamento de Recaudación y la oficina de Atención al primer piso de la Municipalidad de Necochea. En el amplio salón, cuyas ventanas daban sobre la calle 56, se concentraría la atención al contribuyente en lo relativo a varios trámites comunales, entre ellos los siguientes: actualización y regularización de las tasas; obtención del carnet de conductor; gestiones notariales; ingresos brutos; rentas.
En la planta baja quedarían solamente las cajas de pago de las tasas, derechos y permisos, cerrándose el lugar destinado al citado Departamento de Recaudación. El sector estaba en penumbras, esperando su nuevo destino.
Caída de Mataderos
El triunfo de Sporting de Bahía Blanca por 2 a 0 ante Mataderos, en cotejo perteneciente a la última fecha de la zona “A” del Torneo Argentino “B”, sólo había servido para las estadísticas, ya que había terminado con el invicto que había cosechado en esa fase el clasificado conjunto rojo.
Los tantos sureños habían sido convertidos por Guillermo Puliafito, de penal, y Pablo Díaz.
Lo de Mataderos en ofensiva había sido tibio. Había tratado de llevar bien la pelota, empujado desde el fondo por Clérico (Lastra había sido amonestado y reemplazado por Del Valle), pero era evidente que el rojo tenía la mente en la próxima ronda. Sporting había aprovechado las dudas del adversario y a los 20’ había redondeado la victoria con un nuevo gol. Faiazzo había escapado por derecha, había metido un centro cruzado con la defensa a contrapierna y Díaz, ingresando por la izquierda, había empujado a gol.
Había sido prácticamente el telón para las pocas ambiciones de los necochenses, agravándose luego con los cambios.
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