Domingo 19 de mayo de 1996
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La desocupación comenzaba a impactar en el distrito
Marginaba a centenares de personas. Preocupación en trabajadores de Necochea y Quequén por el momento económico
Los ojos se nublaban por las lágrimas al recordar las épocas en las que había tenido trabajo. Un nudo se instalaba en su garganta cuando relataba la dura realidad que le tocaba atravesar. Era un desocupado que vivía en Necochea, uno de los tantos que integraban una extensa nómina compuesta por personas que se esforzaban por sobrevivir.
El drama del desempleo no era propiedad exclusiva de las grandes capitales, sino que en ciudades de las características de Necochea o Quequén, este fantasma azotaba a vastos segmentos sociales, hasta prácticamente expulsarlos del circuito productivo.
Al margen de las causas que originaban estas situaciones, lo concreto era que centenares de personas atravesaban penurias cotidianas y si a ellos alguien les hubiera preguntado cuál era su principal deseo, seguramente se habrían limitado a decir: conseguir trabajo.
Luis Armando Feipeler tenía 46 años y hasta no hacía mucho tiempo había sido un privilegiado porque se ganaba la vida en base a su actividad. Ahora era un angustiado más, porque ni siquiera aparecían las “changas” que le permitían comer. Esto mismo abarcaba a otras personas en esa misma condición.
“Me dedicaba a juntar caracoles y los llevaba a la planta que estaba en el barrio Seis Esquinas de Quequén. Con eso iba tirando...”, comentó.
Feipeler había sido chofer de colectivos, también había manejado camiones y se había desenvuelto como albañil, pero después había entrado en una pronunciada pendiente.
“Cuando estaba como albañil venía cualquier cantidad de gente a querer trabajar conmigo, aunque era tan poco lo que había que no podía compartir con nadie”, había dicho.
Acomodándose su gorra de lana y esbozando una sonrisa al recordar que había sido corredor de bicicleta, su rostro volvía a ensombrecerse cuando chocaba nuevamente con la realidad al señalar que “no había tenido respuestas de los últimos presupuestos que había pasado...”.
Décadas atrás el tucumano Juan Manuel Cardona (54 años) se jactaba de haber sido el “único” florista de Necochea. Todavía mantenía su orgullo por haber ostentado esa condición que el paso del tiempo y la crisis se habían encargado de borrar.
De aquellas cinco bandejas que vendía por noche, con 130 ramos de tres pimpollos cada uno, había pasado a comercializar bolsas de papas en las proximidades de uno de los puentes.
“Era muy poco lo que se vendía. La gente no tenía plata”, había comentado este tucumano al que apodaban “Quiquirí” y quien tenía deseos de volverse a su provincia, donde estaba su familia.
“No tenía dinero para regresar y entonces iba tirando como podía, gracias a la generosidad de quien le daba las papas para vender y una piecita para dormir”, reveló.
Había esquinas de la ciudad en las que se concentraban aquellos que habitualmente trabajaban en estibajes o hacían changas. Allí aguardaban que alguien los llamara para ganarse el sustento diario.
“Pero ya ni changas iban quedando, pese a que ellos hacían cualquier cosa”, expresó un obrero de este fluctuante rubro.
No eran pocos los que especulaban con la necesidad de estos peones, como el caso de empresas contratistas que los convocaban para efectuar determinados trabajos, les abonaban una quincena y después prescindían de sus servicios, sin pagarles lo adeudado.
Buque gigante
Se encontraba operando en Puerto Quequén el buque de mayores dimensiones que había llegado a la estación marítima. Se trataba del “Agia Dynamis”, embarcación de bandera griega que tenía una eslora de 236,81 metros y que estaba cargando en sus bodegas 30.000 toneladas de maíz para transportar a Irán.
Estaba atracado en los giros 4-5 de Terminal Quequén y contemplaba zarpar el martes siguiente con un calado de 38 pies. El barco tenía 32,24 metros de manga y 18,22 metros de puntal.
La oficialidad era griega y la tripulación, compuesta por 26 marinos, era de nacionalidad filipina.
Para que pudiera ingresar a Puerto Quequén se había contado con una autorización de la Delegación local de la Prefectura Naval Argentina, dado que la eslora máxima permitida era de 230 metros.
Extendían la red de agua
Sería extendida la red de agua corriente en el Barrio 9 de Julio, solucionándose así las necesidades de numerosos vecinos que vivían en la zona aledaña al complejo habitacional.
La Junta Vecinal de ese sector había planteado la cuestión al intendente municipal, Dr. Julio Miguel Municoy, durante una reunión mantenida con el jefe comunal en el Club 9 de Julio, a la que habían asistido alrededor de 80 personas.
El presidente del nucleamiento fomentista, Alfredo Ullúa, sostuvo que las autoridades municipales se habían comprometido a dotar del servicio de agua al radio comprendido de 79 a 83 y de 92 a 98.
Dijo que los vecinos comprarían los materiales para ejecutar la obra y los trabajos estarían a cargo de la comuna.
También se había dialogado acerca de la reparación de calles, haciéndose hincapié en el estado deplorable que presentaban algunos sectores como 90 y 79, así como la calle 94 desde 75 en dirección al Cementerio.
La esquina mencionada se convertía en un verdadero pantano durante los días lluviosos y resultaba imposible el paso por ese lugar.
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