De una carpa y un rancho de barro a una ciudad portuaria
A 145 años de la fundación de Necochea, el historiador Martín Petersen repasó algunos episodios poco conocidos de aquel 12 de octubre de 1881 y destacó una particularidad: el nacimiento de la ciudad fue una fiesta popular. De aquella escena quedaron 20 guitarras, una carpa y un pequeño rancho frente a un futuro todavía inimaginable
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¿Cómo era Necochea el 12 de octubre de 1881? La respuesta permite dimensionar cuánto cambió la ciudad en 145 años. Según las investigaciones del historiador Martín Petersen, aquel día la futura ciudad era apenas un pequeño asentamiento junto a la desembocadura del río Quequén Grande, pero su fundación tuvo una particularidad: fue una fiesta.
Petersen recordó en Voces de la Tarde, programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, que la decisión de fundar el pueblo estuvo atravesada por intereses políticos, económicos y territoriales. La conexión con el río y el mar fue determinante. No había ferrocarril ni grandes caminos que comunicaran la zona con Buenos Aires: la salida natural de la producción era el puerto.
En ese contexto, el proceso de fundación se aceleró durante 1881. El decreto llegó en junio y un agrimensor avanzó con la traza del pueblo. El objetivo era que todo estuviera listo para el 12 de octubre, fecha que entonces se conmemoraba como el Día de la Raza.
Pero más allá de decretos, expropiaciones y disputas políticas, quedó registrada una escena diferente. Petersen rescató los relatos de Escobar, un cronista de aquellos tiempos, quien describió la jornada como una verdadera celebración, con carne con cuero y unas veinte guitarras sonando.
Había una carpa de lona que luego sería acondicionada con chapas, un mástil y, alrededor, un paisaje prácticamente despoblado. A unos 200 metros, según el relato, había apenas un rancho de barro donde vivía un hombre de apellido Escobar, acompañado por su esposa, una mujer perteneciente a un pueblo originario.
Eso era, en términos sencillos, Necochea.
Petersen también destacó que ya existían señales de actividad portuaria antes de la fundación. Una documentación de 1879 registra un pedido de Federico Neves para realizar obras en el muelle y menciona movimientos de carga y descarga de embarcaciones. El dato permite entender por qué el pueblo se trazó allí y no en otra zona del extenso Partido de Necochea.
La historia posterior tampoco fue sencilla. Hubo conflictos políticos, problemas con la propiedad de los lotes, demoras de décadas para regularizar escrituras, violencia y hasta un asesinato político a fines del siglo XIX. La ciudad también tuvo que nivelar sus calles y atravesó fuertes disputas por el poder local.
Sin embargo, 145 años después, aquella pequeña población junto al río se convirtió en una ciudad portuaria cuya actividad trasciende largamente las fronteras del distrito.
Petersen propone mirar esa historia para algo más que recordar fechas. “Saber que lo hicimos es importante para las nuevas generaciones”, planteó.
Quizás allí esté una de las claves del aniversario: recordar que las ciudades no nacen terminadas. Se construyen con decisiones, conflictos, errores, trabajo y también sueños.
El 12 de octubre de 1881 había una carpa, un rancho de barro y veinte guitarras. Ciento cuarenta y cinco años después, hay una ciudad que todavía discute su identidad y su relación con el puerto. Pero entre aquella escena y la Necochea actual existe una historia que vale la pena conocer.
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