De apasionado por la meteorología y las fotos, a cazador de tormentas
Sebastián Andersen une su pasión por la fotografía y el clima para retratar las tormentas nocturnas de Necochea
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Para Sebastián Andersen, las tormentas no son un motivo para buscar refugio, sino una invitación a la acción. Con una trayectoria de aproximadamente 12 años como fotógrafo, este necochense ha transformado su fascinación por los fenómenos climáticos en una disciplina que combina la precisión técnica con una paciencia inquebrantable. Aunque comenzó capturando paisajes de su ciudad natal, hace más de 15 años que las tormentas se convirtieron en su verdadero "cable a tierra", incluso desde la época en que utilizaba cámaras de rollo sin tener conocimientos avanzados de meteorología.
Su camino no ha sido solo empírico, pues el interés por comprender qué ocurre en el cielo lo llevó a estudiar para observador meteorológico en Mar del Plata. Si bien no completó la formación por motivos laborales, esa etapa le brindó las herramientas necesarias para identificar tipos de nubes y analizar mapas y radares por cuenta propia. Esta base científica es la que hoy sustenta "Clima Necochea", una página que gestiona junto a su hermano y que ha pasado por Facebook e Instagram hasta consolidar un canal de WhatsApp donde comparten información meteorológica con la comunidad.
La rutina de un cazador de tormentas dista mucho de la previsibilidad, ya que Andersen comienza su día a las 5 o 6 de la mañana analizando radares para predecir qué puede ocurrir. Su compromiso es tal que es capaz de despertarse a las 2:30 de la madrugada si el radar indica actividad eléctrica, una conducta que a veces genera bromas en su entorno familiar, pero que resulta necesaria para capturar la esencia de las tormentas nocturnas, las cuales son sus preferidas a pesar del peligro que conllevan.
A la hora de salir al campo, Sebastián suele estar acompañado por Marcos Fernández, otro apasionado por las tormentas que se sumó a esta aventura hace unos dos años, recorriendo puntos estratégicos de Necochea como el camino a las Cascadas, la Ruta 86, la Ruta 228 o la zona de los molinos eólicos. Su objetivo artístico es claro, puesto que no busca solo un rayo aislado que podría haber sido capturado en cualquier parte del mundo, sino que intenta otorgarle contexto local a sus imágenes para que se reconozca claramente que fueron tomadas en su ciudad.
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Para quienes deseen iniciarse en esta actividad, Andersen es enfático en que el equipo no lo es todo. Más allá de poseer una cámara de última generación, la clave reside en saber configurarla correctamente y, sobre todo, tener paciencia, ya que ha llegado a esperar cuatro horas bajo una tormenta para lograr apenas tres fotos. Su filosofía desafía incluso las alertas oficiales del Servicio Meteorológico Nacional, pues prefiere confiar en su propio análisis de los radares antes de alarmar a la población, evitando así el cansancio que generan las alertas constantes que no siempre se materializan.
En definitiva, Sebastián Andersen encuentra felicidad en su particular búsqueda. Mientras otros buscan resguardo ante el avance de un imponente cumulonimbus, él prepara su cámara y se dirige hacia la banquina de alguna ruta, esperando ese instante único en el que la luz del rayo ilumine el paisaje de su querida Necochea.
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