Curiosidades de los monumentos existentes en Necochea y Quequén
Homenajes al niño, la madre, el jubilado y una lancha icónica, entre otros
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RAÚL JÁUREGUI
Redacción
Entre Necochea y Quequén hay no menos de un centenar de monumentos, algunos menos visibles y otros no tan “considerados”, lo que dio motivo a una nueva columna con datos históricos y curiosos en la habitual columna radial del programa “Desde temprano”, por Ecos Radio.
Con información del rico archivo de Ecos Diarios y la consulta a protagonistas, en el inicio se hizo foco en los monumentos que homenajean al niño. Al respecto se dio cuenta que el reconocimiento a la niñez tiene dos monumentos y un tercero que, pese a estar autorizado por la Municipalidad, nunca se concretó.
El primero de ellos data del año 1998, se trata de una especie de arco con un niño sentado en lo alto y está ubicado en la Plaza de las Carretas, en pleno corazón del barrio Norte en la manzana de 72 a 74 entre 43 y 45. Fue construido por la Asociación de Fomento Barrio Norte.
A propósito de la plaza, en 1984 se le dio ese nombre porque en tiempos lejanos, concentraba la llegada de carretas que traían y retiraban de Necochea distinto tipo de mercaderías.
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El segundo testimonio en honor al niño se levantó en la plaza principal de Quequén en 1985, gracias la iniciativa y aporte de un inquieto vecino llamado Guillermo “Willy” Castillo, ya fallecido, quien organizaba espectáculos populares en un Quequén al que quería mucho.
El mismo fue elaborado por José Angel Travaglia, también fallecido, quien sin ser artesano ni escultor logró una tierna imagen, que muestra la figura de un niño con una pelota a sus pies.
El monumento sufrió actos vandálicos, mutilándole los dos brazos a la figura en cuestión, pero felizmente en los últimos tiempos ha sido reparado por el municipio.
El tercer monumento al niño, que lamentablemente no se concretó, fue autorizado por ordenanza del Concejo Deliberante en 1987, para levantarse en el Parque Miguel Lillo, con frente Avda. 10 en el sector aledaño al área de los juegos para niños.
Un homenaje casi desconocido y que testimonia a los primeros tiempos de la vida humana es al bebé prematuro, consistente en una escultura que fue elaborada por alumnos de la Escuela Provincial de Artes “Orillas del Quequén”, y que está desde 2018 en la plaza Martín Miguel de Güemes ubicada en medio del barrio Banco Provincia, frente al Hospital.
A los jubilados
En la continuidad de la columna radial se habló de un monumento de cuya existencia quizás muchos desconozcan: el del jubilado.
Se encuentra en la plaza Yrigoyen de Quequén, en el vértice de 519 y 560 con un pedestal y dos figuras de hormigón armado en la parte superior representan a una mujer y un hombre de la tercera edad, sumándose varias placas que así lo testimonian.
En su concreción mucho tuvo que ver el Centro de Jubilados y Pensionados de Quequén, siendo inaugurado el 7 de septiembre de 2003, durante el gobierno de Julio Municoy.
El reloj “de sol”
Aunque no es un monumento, el llamado “reloj de sol” ubicado en el Parque Miguel Lillo, más precisamente en el sector conocido como Jardín Francés, al lado de la ex fuente de agua, tiene su rica historia.
Con el aporte de Carlos Palotta, un amante de la historia local, se precisó en el espacio de “Desde temprano” que el reloj, inaugurado el 12 de diciembre de 1965, no fue un elemento sin importancia, sino que formó parte de la urbanización y paisajismo de ese lugar del Parque, siendo su mentor e impulsor principal Edgar Gatti.
Su ubicación no fue al azar: se eligió el Jardín Francés porque, a diferencia de la densidad boscosa del resto del Parque Lillo, este espacio fue diseñado con trazados geométricos y amplios claros.
El objetivo era técnico: garantizar que el cuadrante recibiera luz solar directa sin la interferencia de las copas de los árboles, permitiendo que el sol hiciera su trabajo de marcar el tiempo sin obstáculos.
Además, funcionaba como el contrapunto diurno de la fuente de aguas luminosas, creando un eje de atracción que funcionaba las 24 horas.
Emplazado en una especie de torre en mampostería sólida, su diseño fue exclusivo para Necochea: debido a que la inclinación del llamado gnomon (que es la aleta que proyecta la sombra) corresponde exactamente a la latitud y longitud del lugar. Se la considera una pieza de precisión astronómica "hecha a medida".
Durante décadas, el reloj se deterioró por falta de mantenimiento, el vandalismo y el olvido, llegando a perder su capacidad de dar la hora exacta. Sin embargo, en noviembre de 2019, tuvo una reforma más importante, que en un gran gesto de participación ciudadana estuvo a cargo de alumnos de la Escuela Técnica Nº 3 de Necochea
En la parte superior de del reloj hay un cartel con la frase de origen romano “Sol Lucet Omnibus”, qué significa “El sol brilla para todos”.
La lancha “El Tordillo”
En la zona portuaria, más precisamente en el cruce de avenidas 10 y 59 está ubicada la pequeña lancha “El Tordillo”, que fuera construida en 1886 y su presencia en la actividad de la pesca local, tuvo lugar en la más que positiva década del 50.
Junto a los primeros pescadores que hubo en nuestro puerto: el genovés Santiago Claravesa y los hermanos Epifanio y Candelario Lahorca, que fueran censados en esa actividad en 1895, esta reliquia de “El Tordillo” ocupa un sitial preferencial en la historia de la fructífera actividad de la pesca.
En honor a la madre
Finalmente se hizo hincapié en una figura clave en nuestra vida: la madre, que en Necochea tiene su monumento, y está ubicado en la plazoleta de la plaza de 59 y 58.
El mismo se inauguró el 18 de agosto de 1957, tras una iniciativa del periodista Danilo Devizia, quien a través de la emisora radial AM local, en aquel entonces filial de Radio Splendid, hizo una campaña para juntar fondos y la comunidad respondió.
La columna completa se puede escuchar en el Spotify de Ecos Radio.
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