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En ocasiones da la sensación de que algunos dirigentes viven en una realidad paralela, lejos de las preocupaciones cotidianas de quienes pagan los impuestos y sostienen con su esfuerzo el funcionamiento del Estado.
Las reuniones de comisión del Concejo Deliberante volvieron a mostrar esta desconexión. Mientras el distrito enfrenta problemas urgentes, seguridad, tránsito, calles deterioradas, falta de desarrollo y de inversiones, la discusión política gira alrededor de qué leyenda debe figurar en los documentos administrativos municipales para conmemorar los 50 años del golpe de Estado de 1976.
Que quede claro: nadie puede estar en contra de la memoria ni de la historia. Lo ocurrido en la Argentina durante la década del 70 fue un período oscuro y nefasto que jamás debería repetirse. Recordarlo y estudiarlo es necesario, sobre todo para que las nuevas generaciones comprendan lo que significó y aprendan de ese pasado.
Pero también es cierto que han pasado cincuenta años y la discusión política sigue atrapada en las mismas disputas interpretativas. Unos intentan apropiarse del relato desde un lado, otros desde el otro. La historia es una sola, aunque algunos pretendan acomodarla según sus conveniencias políticas.
Tal vez el lugar más adecuado para abordar ese pasado sea el ámbito educativo: las escuelas, las universidades, los espacios de estudio donde la historia puede analizarse con profundidad, reflexión y pluralidad.
La pregunta que muchos vecinos se hacen es otra: ¿en qué mejora la vida de los ciudadanos agregar una frase más o una frase menos en la documentación oficial?
¿Va a mejorar la seguridad?
¿Va a resolver el problema del tránsito?
¿Va a reparar los baches o las calles rotas?
¿Va a atraer inversiones o generar trabajo?
¿Va solucionar la salud pública?
¿Mejorara el servicio de agua?
La respuesta, lamentablemente, parece evidente.
Mientras tanto, los problemas reales siguen esperando soluciones. Y esos son los temas para los que fueron elegidos los concejales: trabajar para mejorar la calidad de vida de quienes viven en el distrito.
La memoria es importante, sin duda. Pero también lo es el presente y, sobre todo, el futuro.
Quizás haya llegado el momento de dejar de utilizar la historia como herramienta de disputa política y empezar a concentrar energías en lo que verdaderamente necesita la comunidad.
A este escenario se suma además que el Concejo también se dispone a tratar dos despachos vinculados a la reforma laboral, con concejales a favor y otros en contra, en una discusión que claramente excede el ámbito local.
Cabe entonces otra pregunta: ¿por qué no se concentran en los temas que realmente le competen al distrito y dejan las leyes nacionales a quienes corresponde tratarlas?
El Concejo Deliberante no debería ser una caja de resonancia de la política partidaria nacional, sino el ámbito donde se aborden y resuelvan los problemas concretos de la ciudad. Porque, en definitiva, para eso fueron elegidos.
Si alguna vez los dirigentes políticos, las instituciones y las distintas fuerzas de la ciudad lograran trabajar juntos en serio por el desarrollo, tal vez entonces sí empezaríamos a construir la ciudad que todos soñamos.
Todo lo demás corre el riesgo de convertirse simplemente en gestos simbólicos que poco cambian la realidad cotidiana de los vecinos.
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