Científico advierte que una especie invasora ya llegó a Necochea y podría llegar a Mar del Plata en pocos años
La ostra del Pacífico comenzó a colonizar la costa local; alertan por riesgos para bañistas y su rápida expansión
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Una especie exótica invasora ya comenzó a instalarse en la costa de Necochea y, según especialistas, su avance podría extenderse hacia Mar del Plata en los próximos años. Se trata de la ostra del Pacífico, un molusco que prolifera sin control en distintos puntos del sur bonaerense y que genera preocupación tanto por su impacto ambiental como por los riesgos para quienes frecuentan las playas.
El alerta fue planteado por el oceanógrafo del CONICET Bahía Blanca, Eder Paulo Dos Santos, quien confirmó que estos organismos ya están presentes en el distrito. “Las ostras se están dispersando con sus larvas por el océano y colonizando la costa de Buenos Aires. Ya llegaron a Bahía Blanca con bancos importantes, a las pocas rocas que hay en Monte Hermoso y a las rocas de Necochea donde ya están colonizando. Lamentablemente, porque son filosas y pueden lastimar a las personas que se bañan, puede llegar a Mar del Plata en muy pocos años”, explicó.
Las declaraciones surgieron durante una recorrida que hizo el periodista de TN, Mario Markic, para su programa "En el camino" por la zona de Los Pocitos, donde también se evidenció la magnitud del fenómeno que, aunque todavía incipiente en Necochea, ya muestra signos claros de expansión.
Una plaga difícil de erradicar
La ostra del Pacífico (Magallana gigas o Crassostrea gigas) es considerada una especie invasora por su capacidad de reproducción y adaptación. Se alimenta de microorganismos y filtra grandes volúmenes de agua, lo que modifica el equilibrio natural de los ecosistemas marinos.
Su crecimiento es exponencial y prácticamente imposible de frenar. “Vos las sacás hoy todas y el año que viene encontrás todo poblado de vuelta”, advirtió Dos Santos, graficando la velocidad con la que se regeneran los bancos.
En ese sentido, el especialista explicó que el volumen que alcanzan es significativo: “La biomasa de esas ostras japonesas alcanza miles de toneladas, por lo cual el potencial de biomasa para comercialización y explotación comercial es importante. Hay que dimensionarlo porque es una ostra invasora que ha encontrado un ambiente muy favorable para establecerse, entonces todos los años se está renovando y ampliando, porque hoy por hoy la escala de explotación comercial que hay no alcanza a cubrir la renovación que hay todos los años”.
De intento productivo a problema ambiental
La presencia de esta especie en la Argentina tiene su origen en la década del 80, cuando fue introducida de manera ilegal con fines de cultivo en la bahía de San Blas. Según reconstrucciones históricas, el proyecto —impulsado por un productor asiático— no prosperó y las ostras fueron abandonadas. Sin embargo, lejos de desaparecer, comenzaron a reproducirse de forma natural hasta conformar extensos bancos.
Con el paso de los años, su expansión alcanzó zonas como Bahía Anegada, el estuario de Bahía Blanca, Monte Hermoso y ahora también Necochea. En varios de estos lugares ya generaron conflictos, tanto por el impacto ambiental —modifican el sustrato y desplazan especies nativas— como por su efecto en playas turísticas, donde las valvas filosas provocan cortes en los pies de los bañistas.
Entre el riesgo y la oportunidad
A pesar del carácter invasor, en los últimos años surgieron iniciativas para aprovechar su enorme biomasa. Equipos del CONICET, junto a empresas privadas, avanzan en proyectos para industrializar su explotación, incluyendo el desarrollo de la primera salsa de ostras producida en el país.
El objetivo es doble: por un lado, generar valor agregado y empleo en regiones costeras; por otro, utilizar la extracción como herramienta para mitigar su expansión. Sin embargo, los especialistas advierten que, por ahora, el nivel de explotación está lejos de equilibrar su crecimiento natural.
Mientras tanto, en Necochea el fenómeno recién comienza a hacerse visible, pero los antecedentes en otras localidades anticipan un escenario que podría repetirse. La presencia de esta especie no solo plantea desafíos ambientales, sino también un nuevo factor a tener en cuenta para el uso recreativo de las playas.
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