Cada vez más padres apuestan a una infancia sin pantallas
La decisión de retrasar el contacto de bebés y niños pequeños con celulares, tablets y televisores gana terreno entre las familias. Especialistas en salud y educación advierten sobre los riesgos de la sobreexposición y destacan la importancia del juego, el movimiento y el vínculo humano en los primeros años de vida.
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En un contexto donde las pantallas forman parte de la vida cotidiana, desde la comunicación hasta el entretenimiento, cada vez más padres eligen tomar una postura diferente: postergar el uso de dispositivos digitales en la infancia. La tendencia se apoya en recomendaciones de pediatras, psicólogos y especialistas en desarrollo infantil que alertan sobre los efectos negativos que puede generar la exposición temprana a celulares, tablets y televisores.
Muchos padres sostienen que no se trata de una postura “anti tecnología”, sino de una elección consciente para proteger una etapa clave del desarrollo. “La infancia es un período en el que el cerebro necesita estímulos reales: el contacto físico, el movimiento, el juego simbólico, la exploración del entorno y la interacción con otras personas”, explican los especialistas.
Según organismos internacionales de salud, como la Organización Mundial de la Salud, los niños menores de dos años no deberían tener ningún tipo de exposición a pantallas, mientras que entre los dos y cinco años el tiempo debería ser muy limitado y siempre supervisado. El motivo es claro: el uso excesivo puede afectar el desarrollo del lenguaje, la atención, el sueño y las habilidades sociales.
En la práctica cotidiana, muchos padres notan cambios positivos cuando reducen o eliminan las pantallas. Más tiempo de juego libre, mayor capacidad de concentración, mejor descanso nocturno y una comunicación más fluida son algunos de los beneficios que suelen mencionar. También se observa una mayor participación en actividades físicas y creativas, como dibujar, leer cuentos o inventar juegos.
Desde el ámbito de la salud, se advierte además que el uso temprano de pantallas suele convertirse en una solución rápida para calmar o entretener a los niños, lo que puede dificultar el aprendizaje de la autorregulación emocional. “El aburrimiento también es parte del crecimiento: estimula la imaginación y la creatividad”, señalan los profesionales.
La tecnología, aclaran, no es el enemigo. El desafío está en encontrar el momento adecuado para incorporarla y hacerlo de manera equilibrada. A partir de cierta edad, el uso responsable de dispositivos puede ser una herramienta educativa valiosa, siempre que no reemplace el juego, el contacto social ni la actividad física.
En un mundo cada vez más digital, la decisión de muchos padres de criar a sus hijos sin pantallas durante los primeros años aparece como una forma de resistencia saludable. Una apuesta por una infancia más conectada con lo real, con el cuerpo, con la palabra y con el vínculo humano, sentando bases sólidas para un futuro en el que la tecnología sea una aliada y no una dependencia.
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