Aniversario del Monte Pasubio: el naufragio que marcó la historia de Quequén
A más de un siglo, el encallamiento del vapor italiano sigue visible y forma parte de la identidad local
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Este 1° de abril se cumple un nuevo aniversario de uno de los episodios más recordados de la historia marítima de la región: el encallamiento del vapor italiano Monte Pasubio frente a las costas de Quequén, un hecho que dejó huella tanto en el paisaje como en la memoria colectiva.
La embarcación, de casco de hierro y unas 3.000 toneladas de desplazamiento, era comandada por el capitán Gaetano Maresca. Provenía de Buenos Aires y se dirigía hacia Bahía Blanca para cargar cereal, cuando en abril de 1924 fue sorprendida por una fuerte galerna del sud-sudeste. Tras horas de lucha contra el temporal, que fue intensificándose hasta alcanzar características de huracán, el barco intentó capear la tormenta cerca de la costa de Lobería.
Sin embargo, cerca de las 22 horas, terminó encallando en inmediaciones del actual faro de Quequén. El temporal no solo afectó al buque: en tierra provocó serios destrozos, dejando a la ciudad sin luz ni comunicaciones y causando daños en distintas estructuras.
En un primer momento, las averías del Monte Pasubio no parecían definitivas y se evaluaba la posibilidad de rescatarlo. No obstante, los intentos fracasaron y la tripulación abandonó la nave semanas después. Algunos de sus integrantes regresaron a Europa, pero otros eligieron radicarse en la zona, formando familias y dejando su impronta en la comunidad. Uno de ellos, Atilio Bortoli, se convirtió en un conocido vecino de Necochea.
Finalmente, el barco fue vendido en 1925 a una empresa que se encargó de su desguace. Para retirar las piezas, incluso se tendieron vías hasta el lugar. A pesar de ello, con marea baja todavía pueden observarse restos del buque, como el eje y las palas de la hélice, que resisten al paso del tiempo.
La presencia del Monte Pasubio no solo despertó la curiosidad de generaciones enteras, sino que también dio origen al nombre de un sector del balneario Quequén, transformándose en un punto de referencia histórico y turístico.
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Naufragios que cuentan la historia
El caso del Monte Pasubio no fue aislado. En tiempos donde la navegación carecía de las condiciones de seguridad actuales, era frecuente que embarcaciones quedaran a merced de los temporales que azotan la costa bonaerense. De hecho, en la fundación de Necochea en 1881 se utilizó como mástil el palo mayor del velero El Filántropo, también encallado años antes en la zona.
Con la posterior instalación del faro y el desarrollo del Puerto Quequén, la navegación fue ganando seguridad y comenzaron a operar buques de mayor porte.
Uno de ellos fue el vapor Chaco, protagonista de otro recordado episodio. Este buque, de 122 metros de eslora, había sido construido en Estados Unidos en 1923 y, tras pasar por la Armada Argentina, operaba bajo bandera nacional. En 1953, con más de tres décadas de servicio, varó frente a las costas cuando se dirigía a Brasil.
A pesar de los esfuerzos por rescatarlo, la situación obligó a su capitán y tripulación a abandonar la nave. Con el tiempo, su estructura fue deteriorándose hasta desaparecer, producto de la acción del mar y los temporales.
Patrimonio y memoria viva
Las costas de Quequén y Necochea guardan, bajo la arena y entre sus aguas, vestigios de estas historias. Restos de embarcaciones que hablan de una época en la que el mar imponía sus propias reglas y donde cada travesía implicaba un riesgo.
Hoy, el sitio donde encalló el Monte Pasubio es parte del circuito turístico y uno de los puntos elegidos por quienes practican surf, combinando naturaleza, historia y cultura local.
A más de cien años de aquel temporal, el recuerdo del buque italiano sigue vigente, recordando cómo un naufragio puede convertirse en parte esencial de la identidad de una comunidad.
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