Alquiler de caballos: una tradición que se adapta a los nuevos tiempos
Rubén Montoya y Rodolfo Maidana sostienen un clásico turístico.
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
Entre el murmullo del mar y el ir y venir de turistas y vecinos, persiste una actividad que forma parte del paisaje desde hace décadas: el alquiler de caballos. Lejos de ser solo una propuesta recreativa, este oficio encierra historias de vida y un profundo vínculo con la ciudad. Los que continúan con esta tradición sostienen un legado que atraviesa generaciones.
Rubén Montoya es uno de ellos. Con más de 60 años dedicados a los caballos, dirige“Los Alazanes”, un emprendimiento familiar que mantiene viva la actividad en la a ciudad. “Estoy acá hace más de 60 años. Toda la vida trabajando de esto, siempre en Necochea”, contó con la tranquilidad de quien ha hecho del trabajo una forma de vida. Si bien en algún momento estuvo en otras localidades como Miramar y Villa Gesell, su historia está profundamente ligada a este lugar.
Actualmente, ofrece cabalgatas guiadas, una modalidad que ha crecido en los últimos años y que se adapta a las nuevas dinámicas del turismo. Los paseos comienzan temprano por la mañana a eso de las 8, desde su casa, y se realizan con guía. El recorrido incluye sectores de playa en horarios permitidos y continúa por el bosque y los barrios, en una experiencia que combina naturaleza, tranquilidad y contacto directo con el entorno. “Es una cabalgata de una hora y media. Sale el chico que trabaja con nosotros con la gente, yo ya no salgo”, explicó.
Las cabalgatas están abiertas a personas de todas las edades y se coordinan previamente por teléfono (2262-51-8531), a través de su hija Tamara, quien se encarga de organizar los turnos. La actividad se realiza todos los días durante la temporada, mientras que por las tardes Él se instala en Av 10 y 117 para el alquiler tradicional, por media hora o una hora.
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Sin embargo, reconoció que esta modalidad ha ido disminuyendo con el tiempo. “Antes había 70 caballos acá, ahora hay siete. Este trabajo se va achicando cada vez más. No sé bien el motivo, pero el interés ya no es el mismo”, indicó.
Aun así, destacó que las cabalgatas guiadas van en aumento, lo que demuestra una transformación en la manera en que los visitantes se vinculan con la experiencia. En su día a día lo acompaña su hija, su nieta y un compañero de trabajo, manteniendo el carácter familiar del emprendimiento.
“Me gusta trabajar con mi abuelo. Me encanta andar a caballo”, dijo su nieta Juanita Trinidad Magallán con naturalidad. Para ella, el contacto con los caballos no es solo una tarea, sino una oportunidad para conocer nuevas personas, especialmente cuando llegan turistas de distintos lugares.
Caballos con historia
Otro de los referentes históricos del alquiler de caballos en la ciudad es Rodolfo Maidana, quien desde muy chico estuvo ligado a esta actividad. “Tenía 10 años cuando empecé a alquilar caballos, y ahora tengo 78. Son muchas temporadas”, relató. Hoy, por cuestiones de salud, se dedica exclusivamente al alquiler de petisos, caballos más pequeños, especialmente indicados para niños de hasta 10 o 12 años.
La historia de Rodolfo está profundamente entrelazada con la de la ciudad. Comenzó en la plaza frente a la iglesia y el antiguo Hotel San Miguel, y más tarde se trasladó junto a su familia a otros espacios que fueron cambiando con el crecimiento urbano. “Mis hijos, los cuatro, alquilaron caballos desde muy chicos. Caminaban y ya venían conmigo a la parada”, recordó.
En su relato aparecen escenas que reflejan el paso del tiempo y la huella que deja el oficio. Padres que fueron niños y aprendieron a montar con él, hoy regresan con sus hijos y hasta con sus nietos. “Tengo generaciones enteras. Una vida alquilando caballos”, expresó. Ese vínculo se fortaleció aún más en momentos difíciles, como cuando fue operado hace algunos años y recibió el apoyo de personas que había conocido a lo largo de su trabajo. “Gente que yo enseñé a andar a caballo me ayudó muchísimo. Eso no me lo olvido más”, contó con agradecimiento y emoción.
“El señor de los caballos”, como le gusta que lo llamen, trabaja todos los días de la temporada, generalmente de 14.30 a 19, y en invierno los fines de semana también en av. 10 y 117. Los petisos se alquilan para que los chicos den paseos cortos, siempre acompañados por un adulto que los lleva de la soga. “Es mi gusto, mi tradición venir con los petisos, charlar con la gente. Es lo que hice toda mi vida”, expresó.
Ambos testimonios reflejan no solo la permanencia de una actividad tradicional, sino también su transformación. El alquiler de caballos en Necochea ya no es masivo como en otras épocas, pero sigue siendo un espacio de encuentro y un puente entre el pasado y el presente de la ciudad.
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