Alejandro Sanz y su refugio natural: la historia de la finca El Sueño de los Parrales
El reconocido artista madrileño eligió un predio de 32 hectáreas en la región de La Vera para establecer su residencia de descanso, combinando la preservación del entorno con la producción agrícola propia.
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El mapa del éxito musical no siempre coincide con el de los días de descanso. Mientras las giras mundiales transcurren en hoteles de lujo y grandes ciudades, Alejandro Sanz eligió un campo en Extremadura, una comunidad autónoma situada en el suroeste de España, para fijar su residencia. Se trata de un predio de 32 hectáreas que el artista madrileño bautizó como El Sueño de los Parrales.
Más allá de una inversión financiera realizada a mediados de los años 2000, la elección del terreno respondió a sus cualidades naturales. Protegida por la Sierra de Gredos, la zona disfruta de un clima fresco, con gargantas de agua pura, robles ancestrales y una vegetación rica que destaca frente al paisaje árido peninsular. La finca está enmarcada por extensos bosques y conserva el entorno natural característico de la región.
El diseño del inmueble prioriza la sencillez y la armonía con el paisaje. Construida en dos plantas, la residencia principal utiliza materiales de la zona como madera y piedra tradicional. Su distribución interna incluye siete habitaciones con baño privado, amplios espacios comunes y zonas independientes para las visitas. Con el paso de los años, la finca sumó una construcción secundaria de 158 metros cuadrados, pensada para brindar privacidad a su hijo y a la familia durante sus estadías.
El predio abarca también un sector agrícola en actividad constante. El artista preserva huertos orgánicos, robles centenarios y extensas plantaciones de olivos. Esta labor da sus frutos: la propiedad genera miel y aceite de oliva virgen extra de elaboración propia, los cuales el músico regala a sus amigos más cercanos.
La región de La Vera, que obtuvo gran visibilidad gracias a la compra del artista, destaca por sus rutas de senderismo y una gastronomía con sello propio, como el Pimentón de La Vera, quesos de cabra artesanales y embutidos ibéricos. En mayo de 2012, la finca fue testigo de la unión matrimonial entre Sanz y Raquel Perera en la más estricta intimidad.