A 50 años de la muerte de Ringo Bonavena: su historia con Necochea y las peleas inolvidables con Kid Tutara
El mítico boxeador entrenó en las playas de Necochea, recorrió la ciudad como un vecino más y protagonizó históricos combates con el quequenense José “Kid Tutara” Giorgetti
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Oscar Natalio “Ringo” Bonavena murió el 22 de mayo de 1976 en Nevada, Estados Unidos. Tenía apenas 33 años. Medio siglo después, sigue siendo uno de los personajes más populares y recordados del deporte argentino. Y aunque su historia suele vincularse a Buenos Aires, el Luna Park o sus peleas contra Muhammad Ali y Joe Frazier, también dejó una huella profunda en Necochea y Quequén.
Mucho antes de convertirse en mito, Ringo ya caminaba las calles de la ciudad, entrenaba en sus playas y compartía momentos cotidianos con vecinos que todavía hoy lo recuerdan como si hubiese pasado ayer.
“Vení a correr conmigo”
Entre los recuerdos que sobreviven de aquellos años aparece una escena que pinta de cuerpo entero quién era Bonavena fuera del ring.
Un vecino recordó que una mañana, mientras estaba en una playa de Necochea, vio acercarse a un hombre corriendo sobre la arena. Era Ringo.
“Nunca me voy a olvidar. Vino corriendo hacia mí y me dijo: ‘Vení a correr conmigo’. Fue un momento hermoso”, contó décadas después.
El boxeador utilizaba las playas necochenses como parte de su preparación física, especialmente durante los años de mayor actividad profesional.
Otro testimonio lo ubica en una noche de fútbol en la cancha de Rivadavia, en la vieja tribuna que daba hacia el Hospital. Allí estaba junto al exfutbolista Ermindo Onega, rodeado de chicos que lo cargaban por su futura pelea con el quequenense José “Kid Tutara” Giorgetti.
“Cuando le pegue a Tutara se va a caer el Puente Colgante”, respondía entre risas.
Quienes lo vieron de cerca todavía recuerdan su presencia imponente: traje claro, un gran anillo de oro y unas manos enormes que llamaban la atención de todos.
La rivalidad con Kid Tutara
El vínculo más fuerte de Bonavena con la región quedó marcado por sus históricos enfrentamientos con José Saro Giorgetti, el legendario “Kid Tutara”, orgullo de Quequén y uno de los grandes pesos pesados argentinos de la época.
Tutara había sido campeón argentino y representante olímpico en Melbourne 1956. Aunque estaba prácticamente retirado, aceptó volver al ring luego de que el propio Bonavena fuera personalmente a buscarlo para pedirle que trabajara como sparring. Esa relación derivó en una trilogía inolvidable.
La primera pelea se realizó el 12 de marzo de 1966 en el estadio Bristol de Mar del Plata, ante unas 8.000 personas. “Si quieren humanizar el boxeo, no dejen que Tutara pelee conmigo”, le dijo Bonavena a Ecos Diarios.
El combate era parejo hasta que Ringo conectó un golpe bajo que dejó gravemente lesionado al quequenense. Giorgetti no pudo continuar y Bonavena terminó descalificado en medio de un verdadero escándalo.
Tutara debió ser internado en la Clínica Colón por una hemorragia interna, pero regresó a Quequén recibido como un héroe, en caravana y arriba de un camión.
Aquella fue una de las derrotas más polémicas y recordadas en la carrera de Ringo. Ecos Diarios le devovió el chiste con un título que decía: "Kid Tutara y el Puente Colgante están bien".
La revancha se realizó apenas un mes después en el Luna Park y terminó con victoria de Bonavena por puntos. El tercer combate llegó en enero de 1967, nuevamente en Mar del Plata, con triunfo de Ringo por nocaut en el noveno round.
El ascenso del mito
Nacido el 25 de septiembre de 1942 en Parque Patricios, Bonavena construyó una carrera tan brillante como extravagante. Debutó profesionalmente en el Madison Square Garden de Nueva York en 1964 y rápidamente se convirtió en una figura internacional.
Su apodo surgió, según la versión más popular, cuando una fanática lo confundió con Ringo Starr, baterista de The Beatles.
Carismático, provocador y dueño de frases memorables, Bonavena se transformó en mucho más que un boxeador. Cantó, actuó en cine y teatro, grabó discos y fue una celebridad absoluta en la Argentina de los años 60 y 70.
Sobre el ring enfrentó a gigantes de la historia como Muhammad Ali, Joe Frazier y Floyd Patterson.
Su pelea contra Ali, el 7 de diciembre de 1970 en el Madison Square Garden, quedó grabada para siempre. Ringo llevó al campeón hasta el round 15 y se convirtió en uno de los pocos boxeadores capaces de hacerlo sufrir realmente arriba del cuadrilátero.
El final trágico
La vida de Bonavena terminó abruptamente el 22 de mayo de 1976, cuando fue asesinado de un disparo en el corazón en las puertas del prostíbulo Mustang Ranch, en Nevada.
El autor material fue Ross Brymer, custodio del mafioso Joe Conforte, quien manejaba parte de los negocios vinculados al lugar.
La noticia conmocionó al país. Su cuerpo fue trasladado a la Argentina y velado en el Luna Park ante una multitud histórica. Más de 150.000 personas pasaron a despedirlo.
La leyenda sigue viva
En Necochea y Quequén, el recuerdo de Ringo no está solamente ligado al boxeo.
Sigue vivo en las historias de quienes lo vieron correr por la playa, caminar por el centro o mezclarse entre la gente con naturalidad.
También en la memoria deportiva de una ciudad que tuvo una fuerte tradición boxística y que vio pasar a figuras históricas como Kid Tutara, José María Gatica, Archie Moore y Horacio Accavallo.
Cincuenta años después de su muerte, Ringo Bonavena continúa ocupando un lugar único en la cultura popular argentina. Y una parte de esa historia también pertenece a Necochea.
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